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Los cuentos de hadas son puras mentiras febrero 14, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Secretos de conquista.
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Princesas las pelotas...

En mi infancia nunca me leyeron el cuento de la princesa que le tenía que pagar todas las cosas al príncipe porque a él le gustaba rascarse las bolas y ser un mantenido de la mamita en vez de andar matando dragones para rescatarla de la altísima torre.

O alguno donde el príncipe la hiciera callar si ella intentara hablar más de lo tolerable para él, y después de conversar insuficiente e ineficientemente la llevara en su corcel en el más completo y hermético silencio.

La madrastra siempre era la mala, o una bruja… pero los príncipes eran intachables en los cuentos.

Tantas mentiras nos inculcan cuando somos chicas que es complicado hacer el quiebre y entender que:

  • Nadie nos va a rescatar, nos tenemos que rescatar solas.
  • El príncipe anda buscando joda y nada más.
  • Para él no vale la pena tanto esfuerzo de matar dragones si está cómodo en su soledad o con su mamita.
  • No dudará en mentir, abandonar y desengañar si su impulso egoísta se lo reclama.
  • Pasarán varios, muchos tomos de historias antes de que él siquiera piense en tomar a su princesa como esposa.

No podemos dormir hasta que llegue. No podemos dejar un zapato en las escalinatas y esperar que entienda el mensaje. No podemos lanzar nuestras trenzas por la ventana, invitándolo a subir sin ser vistas como gatos. No podemos creerle que nos mintió (frotando una lámpara para ser príncipe un rato) porque nuestro padre no vería la relación con buenos ojos. No podemos quedarnos mudas a cambio de unas piernas que bailen con ellos. No podemos esperar que un bestia se convierta en un príncipe, porque los hombres no cambian.

Pero podemos seguir besando sapos con la esperanza de que alguno sea al fin el indicado.

Feliz día de los enamorados para todos.

Me lo dijo mi amiga y también lo leí en un diario.

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Comentarios»

1. Romina - febrero 14, 2010

El problema no son los príncipes… el problema es de visión: algo nos embruja y terminamos viendo príncipes donde había ogros y goblins (debimos haber sospechado cuando nos dijeron que era azul… eso no es un príncipe, señora, es un pitufo).

Y el otro problema es que esperamos que sea perfecto en su azulez, y la realidad es que el cuento termina cuando comen las perdices, sin acotar quién va a lavar los platos.

Aún así, yo soy partidaria de seguir buscando príncipes. No todos son príncipes bárbaros (ni de los barbáricos ni de los excelentes). Más vale apuntarle al príncipe que eructa la cerveza y cada tanto se rasca un huevo, pero que cuando estás llorando a moco tendido (no importa si es porque se murió tu abuelita o porque la película de Hugh Grant te pegó mal), se queda al lado tuyo, mirándote con cara de susto, pero pasándote carilinas.

(Sí, sigo pensando que enamorarse está bueno. Soy una boluda importante.)

M. - febrero 14, 2010

Romina! que comentariete te mandaste, me tengo que agarrar la panza de la risa.

Es una gran verdad que culturalmente estamos condicionadas, y que todas las pavadas que nos incrustaron en el seso no nos dejan ver claramente.

Sin embargo, estoy de acuerdo con vos, hay que seguir creyendo en el amor.

y no se si quedó claro, que el encontrar el sapo correcto, no significa que vayas a poder transformarlo en príncipe. La idea era amarlo con sus verrugas, su lengua pegajosa y su personalidad saltarina… si tampoco yo soy princesa che!!

beso

Gigi - febrero 14, 2010

Coincido con vos, me encantó la respuesta!!!
Ánimo M. a seguir la búsqueda, no todo está perdido!!

M. - febrero 15, 2010

Gracias Gigi!!

A no desmayar!!

beso

2. D. - febrero 15, 2010

No existen los príncipes. O -como dice un amigo- el príncipe existe, viene en el 5 y soy YO (léase con violencia). Es decir, el tipo ideal obviamente no existe, pero eso no es un problema del tipo. Es un problema de la mujer, que cree que existe algo más ficticio que un leprechaun apareándose con un fénix arriba de la bendita olla de oro: el tipo infalible. TODOS nos rascamos un huevo, a veces más, a veces menos. Todos disfrutamos viendo una película de Charles Bronson, donde un tipo que hace de Charles Bronson mata un montón de gente. Nótese que en los cuentos, nunca se decía mucho del príncipe. Sí, aparecía al final, rescataba, besito, casorio y chau. El resto es imaginación.

Igual está quien rescata. A su manera. No se requieren vidas en juego. Los dragones de hoy no siempre echan fuego, pero están. Y muchas veces hay que ponerles el pecho. Las espadas de hoy no son como las de antes, pero cada uno tiene sus armas. Mentir, desengañar y demases a veces son armas para defender a una dama, por más que no lo parezcan (sé que son parte de mi arsenal al menos). El chiste está en mirarlo con los ojos del ser, y no del deber ser.

M. - febrero 15, 2010

Que lindo e interesante comment, D. Agrego algo que dije un par de comentarios màs arriba pero deberìa estar en el post:

“y no se si quedó claro, que el encontrar el sapo correcto, no significa que vayas a poder transformarlo en príncipe. La idea era amarlo con sus verrugas, su lengua pegajosa y su personalidad saltarina… si tampoco yo soy princesa che!!”

¿Queres que te diga una cosa? los cuentos tampoco dicen que a las pricesas les salen pelitos en las piernas y lloran una vez al mes!!

Saludos!!

3. UBS - febrero 15, 2010

“Tan hábiles se han vuelto las apariencias que princesas y caballeros pueden esconderse las unas de los otros, y pueden esconderse de sí mismos.”… fragmento de “Un puente hacia el infinito” Richard Bach enviado por una amiga no hace mucho tiempo atrás.
Mi respuesta en ese momento fue la siguiente:
Me pregunto cuantas princesas se esconden sin saber q lo son, me pregunto cuantos Caballeros quedarán en pie y ctos de ellos aún tendrán la fuerza para llegar a ese lugar y descubrirlas.
Me pregunto ctas de ellas se perdieron en el camino por brujos con armadura de Caballero.
Cuantos Caballeros dejaron su último aliento peleando contra los dragones de aquellos brujos.
Es allí donde todo paisaje cambia de color…
Es allí donde ella despierta sola y sólo con su corazón roto.
Es allí donde él, vencido cae de rodillas ya sin su armadura…
Es allí donde los bosques son otra vez edificios; los senderos, calles, y la magia… polvo.
Es allí donde dejo de creer.. aún habiendo conocido princesas, aún habiendo peleado contra dragones…
Pero como mi vida (al igual q la de Richard Bach) sigue siendo una “historia de bellas y bestias, de hechizos y fortalezas, de poderes mortales que parecen y de poderes vitales q son…”… en esta ciudad sigo viendo bosques, senderos y magia en lugar de edificios, calles y…polvo.

M. - febrero 15, 2010

Guau, no lo había pensado por ese lado. Gracias UBS. No puedo decir mucho más.


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