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Cómo actuar y qué hacer antes, durante y después de un sismo marzo 14, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Sana y salva, Seguridad personal.
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Una lectora nos cuenta una anécdota con cataclismo y todo, ideal para los fanáticos de las historias llenas de acción y mujeres ligeras de ropas.

Antes

Llegamos a Santiago el martes antes del temblor. Ese sábado nos mudábamos de edificio a un departamento un poco más grande.

Imaginate el cuadro, tres de la matina, le doy la teta a mi bebé de 45 días. Se sentía un calor terrible en el departamento porque no se podían abrir las ventanas por el ruido de autos que hay afuera. Así que me saco la remera, acuesto a la bebé, y me quedo en corpiño de lactancia y trusa (una bombacha de noventona, subida hasta el limite entre el pecho y la panza) o sea sexy total. No tenía ni energías para buscarme un camisón en la valija, que dicho sea de paso, todavía no había desarmado por el asunto de la mudanza.

Durante

Asi fue que en la noche de despedida del cheto edificio arquitectónicamente fashion, hubo hecatombe y se zarandeó todo. A eso de las 3.40 empezó mi esposo con tono nervioso:

-¡Bichi esta temblando! ¡Bichi esta temblando!

Yo acababa de pegar un ojo. Como zombies nos levantamos, y sin organización alguna el agarró a la gorda más grande (que tiene casi 3 y pesa casi 16 kg) y yo a la pequeña, y una remera que había quedado arriba de la cama. Fuimos a la caja de escalera con el plan de quedarnos ahi.

Cuando abrimos la puerta de la caja de escalera, chirriaba todo. Era como si estuvieran martillando las paredes, pikkkjjjjj pikkkjjj o hablando mal y pronto moliendo a palos el edificio. Así que, qué tanta prevención sísmica y empezamos a bajar, tranquilos sin correr. Nadie gritaba ni histerias ni nada, solamente me acuerdo el comentario de una chilena. Me parece que esto no se hace. Qué mierda calentaria si se hace o no, si se estaba moliendo el edificio.

Todos los hombres en calzoncillos, y todas las chicas en….¡PIJAMAS! La única en ropa de post parto era yo, así que no largué a la bebé ni un momento, mis rollos y mi atuendo estaban justificados. La envolví en la remera que había agarrado. Ella ni se enteró y su hermanita tampoco hasta después de un rato.

Íbamos saliendo del edificio cuando sentimos una catarata de agua cayendo del techo. Yo pensé… encima que tiembla llueve (no sé como ha sido que me han dado el título de ingeniera). Hasta que até cabos y dije se hizo mierda la pileta de la terraza. Después supimos que en realidad se estaba volcando como un vaso llevado por un borracho.

Cruzamos la calle los cuatro, en patas, cuero. Fuimos a un jardincito enfrente, la puta que hacia frío. La gorda más grande abrazaba al padre y la bebé dormía en mis brazos envuelta en mi remera. Mi marido en boxers (sanos por suerte) y yo… mejor no recordar la imagen… Entonces, mi marido decidió ir a buscar ropa y yo me quedé con las nenas agachada para abrazarlas a ambas y darles calorcito.

Mientras tanto, se había cerrado la puerta de nuestro departamento y las llaves habían quedado adentro, por lo que para poder entrar, mi esposo tuvo que revolear la puerta de una patada haciendo pelota el marco de la puerta. Creo que todo fue en un segundo. Trajo ropa para las nenas, y para nosotros, el plumón los celulares, las llaves, etc…

Después

Nos quedamos abajo, en el pasto envueltos en el acolchado. Un picnic para las nenas. Pasaban por la calle “pacos”, bomberos, ambulancias,  y gente de todo tipo, hasta alguno medio borracho de viernes a la noche. Al rato entramos al lobby del edificio, yo ya en jean y polar, un atuendo un poco más digno. En ese momento empezaban a bajar las chilenas… con tacos altos… encima me miraban descaradamente al marido (¡hasta en situaciones de stress les gustan los argentinos!).

Pero me dio risa porque estábamos juntos y él se portó como el gran padre y marido que es… y pensé que nos han tocado mil pruebas, y que cada prueba me deja con el gustito dulce de saber que tenemos que estar juntos, que sí es mi alma gemela y que hacemos un equipo formidable. Eso no quita que a veces lo quiera rifar, pero es al pedo: hemos nacido para estar juntos.

Nos sacamos una foto esa noche para acordarnos de lo mucho que nos queremos, y que estamos juntos en las buenas y en las malas. Hasta nos causaba risa la imagen del karateka reventando la puerta en calzoncillos y la puérpera en corpiño de lactancia y trusa, bajando la escalera del cheto edificio.

Menos mal que ya nos mudamos… ¡Acá todavía no nos conoce nadie!

Gracias L.C. por compartir una experiencia tan conmoverdora. Más data sobre sismos aquí.

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Comentarios»

1. Luisina - marzo 25, 2010

jajaja me encanto!! 🙂


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