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La mujer debe aprender a enviar las señales correctas cuando invita a un hombre a comer pero tiene en mente otra cosa marzo 21, 2010

Posted by Malena Ferrini in Arte culinario, Secretos de conquista, Semiótica Viril.
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Después de que Mona publicara una historia sobre una velada, con mi amigo Gnocci nos quedamos pensando en los preparativos que hacemos las mujeres cuando estamos por recibir a un hombre en nuestra casa.

Chin chin

A veces invitar a un hombre a cenar implica caminar quince cuadras con mil bolsas pesadísimas traídas del Vea a duras penas, una hora y media cocinando, otra hora limpiando, un cambio de sábanas, una tarde en la depiladora, un baño de crema. El stress de elegir el vino sabiendo que una posee paladar de amianto (será un malbec o un cabernet de etiqueta decente y precio razonable). La inquietud de decidir una ropa interior ni muy muy ni tan tan por las dudas que se dé, y la certeza de encontrarnos con una herida en el ego si lo que teníamos imaginado no sucede tal como lo pintamos en la cabeza.

Gnocci me contó el otro lado de la situación. El tipo no sabe si llevar flores, vino o postre. Sí irá bien vestido, perfumado, afeitado y cuidando (por si acaso) que los boxers estén blanco ala y sin agujeros. Tocará timbre un poco nervioso, y al entrar buscará con su radar todas las señales posibles que le ayuden a decidir de qué manera comportarse.

La mujer no se insinuará demasiado, a ver si él piensa que es un gato.

El hombre tampoco tomará la iniciativa, a ver si ella cree que es un bestia planetis, o peor, un psicópata sexual.

Entonces ella cruzará las piernas pensando ahora lo va a entender y él se agitará en un vértigo mental, temeroso de quedar como un paparulo por no tocarle la rodilla. Ninguno de los dos sabrá si debería ir más rápido, si sobra el sweater, si la insinuación dio resultado o si todo está a punto de terminar en un ojalá que sea trolo, no puedo creer que no haya pasado nada después de tanto preparativo. Y peor aún, en un amarguísimo quién entiende a las mujeres, son unas histéricas que tira que afloja… y al final… ¡Nada!

A modo de conclusión, Gnocci me comentó en qué cosas se fija él a la hora de decidirse a tomar la iniciativa:

  • El menú incorpora jengibre, nueces u ostras.
  • Hay vino, mucho y rico para compartir.
  • La música es lenta, melosa.
  • El ambiente está iluminado con velas.

Después me dijo que su teoría no es infalible y que el que no arriesga no gana.

Quelotirólaspatas. Volvimos al principio.

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Comentarios»

1. Romina - marzo 21, 2010

Uh, estoy hasta la chota.

Vos sabés que estoy en pos de conseguirme un poco de energía masculina, de hecho una energía masculina específica: me empezó a gustar un amigo. Y con mi amigo nos llevamos muy bien, y él es muy gourmet… y ayer le regalé una raíz enterita de jengibre, para que cocine.

¿¿¿Qué le habré querido decir???

M. - marzo 21, 2010

Holas Romi!! Jaja! Tu amigo se llama Gnocci?… porque si no es él, entonces no estoy muy segura. Me advirtieron que no es infalible.
Igualmente las señales concatenadas tienen mas probabilidades de lograr una comunicación exitosa (digamos, que lleguen a exitarse) ¿te pusiste perfume? ¿Había velas? ¿Tomaron vino? ¿Pusiste cancionetas melosas?… bueno, ahora empiezo a tenerlo mas claro.

2. Elias - marzo 21, 2010

Yo la verdad que me admito como un ciego a la señales de las mujeres, a esos detalles cuasi imperceptibles. En mi opinion debe haber algo fisico siempre, un tocarse de las manos al pasar una cosa, un che que rico perfume y acercandose al cuello a olerlo. Y tiene que darse pie al beso, con una charla cara a cara en un sillon por ejemplo.
Igual siempre me dije que ojala existiera la posibilidad de siempre ir de frente sin tantas cosas, pero es lindo a veces que exista esa cosa de no saber del todo si va a pasar o no.

M. - marzo 22, 2010

Hola Elias, mejor que estes ciego, porque a veces mandamos unas señales tan confusas! beso

3. c* - marzo 22, 2010

Nada como una cena con velas…
Pase lo que pase o no pase, que no falten las risas.

M. - marzo 22, 2010

Hola C*: concuerdo 100%

4. D. - marzo 22, 2010

Qué se yo… Cuando empecé a salir con mi novia, hice casi todo mal. Hablé, hablé y hablé, rápido y de cosas intrascendentes (soy un verborrágico irremediable cuando estoy nervioso, y lo estaba); la llevé a tomar helado y me pedí el baño de chocolate (o “chorreado garantido o te devolvemos tu cobertura”), y estoy bastante seguro de que por momentos incluso tirité. No tenía ni lugar propio ni música, así que debí confiar en el carstereo más barato de la Argentina, y el potencial romantógeno del Lago del Parque. La radio me abandonó (en algún momento me vi escuchando algo como la versión travestida, oligofrénica y gangosa de Edith Piaf, barritando “souveniggg, souvenigggg”). Y aún así, la cita empezó a las 5 y terminó a las 3 AM. Gesticulé mucho, brusco y rápido; no me fijé si se arrimaba, me rozaba la mano o me cruzaba las piernas; y le miré no muy discretamente la cola. El sutil lenguaje de los gestos y las indirectas es algo que nunca aprendí a dominar -al menos en el área romántica-, y toda la vida preferí las cosas claras. A lo que vengo con todo esto: “lo que se lee” de los gestos, las actitudes y los etcéteras del otro caen en una nebulosa de dobles interpretaciones, confusión y relativismo. Las cosas claras, con palabras claras, pueden salvar una cita y quién dice un posible romance.

M. - marzo 23, 2010

Hola D. ¿Será que para el amor no existen leyes universales?

5. D. - marzo 23, 2010

Es raro que tales leyes existan, en general.

M. - marzo 23, 2010

Y eso que sabes mucho de leyes vos!!


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