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Los dos mayores tiranos del mundo son la casualidad y el tiempo (Johann Herder) abril 6, 2010

Posted by Malena Ferrini in Historias con micros, Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista.
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Tres días después, otra vez escalaba los peldaños del mamotreto Cata que tenía que devolverme a mi ciudad.

Una mano me saludaba entre los asientos de atrás. Aquella mueca encantadora, los ojos verdes y la mochila llena de mundo descansaban apacibles en la butaca mientras alrededor de mi asiento (varias filas más adelante) el equipo femenino de handball festejaba el trofeo.

Apenas salió el bus me alejé de la vorágine deportiva, me puse los auriculares y traté de calmar mi mundillo interior. Entonces el viajero de los ojos verdes se asomó desde su asiento con un comentario para romper el hielo. Parece que esta vez sí tenía ganas de charlar. Y charlamos.

Charlamos tanto que hasta se callaron las deportistas y nosotros seguimos hablando.

Después de la aduana me corrrí al asiento de la ventanilla para ver mejor la luna o el Aconcagua. No tardó demasiado en venir a mi lado. Al rato trató de decir algo, pero se desconcentró y terminó dándome un beso. Y otro y otro y otros más.

Hasta que nos quedamos dormidos abrazados o el Cóndor horroroso anunció que estábamos llegando a destino… dos horas antes de lo previsto.

La despedida en la terminal fue quizás un déjà véçu que él notó y yo no hubiera querido tener. Me dijo:

-No quisiera que esto fuera así de efímero, si no estás muy cansada podríamos vernos hoy cuando salgas del trabajo.

¿Efímero? No sé si era el sueño, el embotamiento por el viaje o los ojos verdes clavados en mí. En un estado de completa acefalía y tras varias torpezas de esas que sólo yo  sé hacer le di mi número y un último beso que me quedó en la boca muchos días.

Nunca me llamó y de alguna forma eso es hermoso. La casualidad nos puso ahí y nos arrancó de ese momento antes de tiempo. Queda un recuerdo dulce de aquel abrazo fugaz que duró lo que se demoró el chofer en manejar desde allá hasta acá.

A veces se me ocurre pensar que al pobre lo desvalijaron en la terminal, que perdió mi número y por eso no me llamó. Que no sabía mi apellido y no tuvo manera de encontrarme. A veces me tienta la idea de buscarlo. Pero quizás sea mejor que no. Porque lo más probable es que haya seguido tranquilamente con su viaje y simplemente se le hayan ido las ganas de volver a verme.

Gracias, viajero de ojos verdes, por devolverme esta canción que no escuché en mucho tiempo por miedo a la tristeza. Hoy me arrebata de placer.

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Comentarios»

1. Elias - abril 6, 2010

Como dice cierto refran, lo bueno si breve dos veces bueno. Hay ocasiones en que la magia del momento hace que todo sea maravilloso y configura un escenario que no podria darse de otra forma, por eso es mejor que algunas historias queden con un final inconcluso, aunque más no sea para entretenernos buscando finales imposibles.

Malena Ferrini - abril 6, 2010

Es verdad, Elías, creo que justamente el final abierto fue lo mejor de la historia.
No, lo mejor fue dormirnos abrazados.
Lo mejor fueron los besos.
Lo mejor fue la charla.
No, fue la mueca encantadora al subir al micro…
Saludos.

2. xirda - abril 6, 2010

A veces cuando las cosas no se dan es por algo…

Malena Ferrini - abril 6, 2010

Hola Xirda, bienvenido. A veces es mejor cuando no se dan at all. Beso.


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