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Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (Benjamin Franklin) septiembre 11, 2010

Posted by Malena Ferrini in Formación profesional y capacitación.
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Primer año de la Universidad. Todavía no me acostumbraba al ritmo febril de la facultad, y encima, tenía grandes dificultades en Dibujo. Se acercaba la fecha de entrega y mis dibujos no mejoraban. El número de láminas resonaba monstruoso como un eco… 12… 12… 12… y yo tenía dos. A medias. Y feas. Feísimas.

Me había sentado a trabajar frente a una hoja blanca como… no sé como qué. Porque todo era vacío para mí en esa materia. Veía a mis compañeros llegar con fantásticas creaciones o elaborarlas en el aula de una manera tan natural, con tantos detallitos, tanta perfección. Estaba desesperada y mi mano era torpe y voraz. Mis trazos eran salvajes. Mis sombreados rústicos. Mis formas abocetadas.

Una profesora me dijo un día:

-Esta no te va a servir para la entrega, esta tampoco, esa menos… ¿eso es todo lo que tenés?

-…

Esa noche llegué a mi casa llorando, respondiéndome a mí misma. Sí, eso es todo lo que tengo. Se me habían ido las ganas de dibujar, de estudiar en la universidad y de vivir. No tenía cara para mostrarle todas esas barbaridades que había dibujado al titular de la cátedra, un artista muy reconocido, un hombre talentosísimo.

A la semana siguiente, esperé que todos se fueran del aula y me arrimé al maestro.

-Profesor, ¿Puedo mostrarle mis dibujos?

Asintió y yo desplegué los bocetos en el tablón.

Silencio.

Más silencio…

Crecieron mis nervios mientras el profesor se rascaba la barba.

-Usted no consultó conmigo antes ¿verdad?

Atragantada le respondí con la cabeza. No podía articular lenguaje alguno. Entonces el hombre sonrió y me dijo en tono apacible.

-Acá veo algo muy interesante, Ferrini. Este trazo me dice algo, en todos los dibujos veo eso que busca aparecer pero no alcanzo a verlo por completo.

-¿Qué cosa?

-Veo el trazo, y veo una visión más abstracta del objeto. Veo los gestos en el sombreado. Las formas sugeridas, veo síntesis.

-Sí es que no lo sé pintar más parejo, como los compañeros que…

-Bueno, entonces busque justamente eso, busque ese trazo que usted tiene, porque esa es su propia forma de dibujar, es su lenguaje, déjelo fluir.

-¿Fluir?

-Sí, haga esos trazos rápidos, haga lo que le sale naturalmente, dibuje con eso.

Ya entrada la noche, bajé las escaleras de la desértica universidad a los saltitos. Viajé en el micro pensando qué era lo próximo que iba a dibujar en mi lámina. Llegué a mi casa y me incliné sobre la hoja vacía.

Dibujé hasta tarde. Y después en la mañana, y todo el fin de semana. Anochecí frente al tablero, amanecí en el mismo lugar con el cuello anudado.

Aprobé la entrega. Pero lo importante no fue eso. Fue que ese docente pudo ver más allá de lo que estaba arriba del tablón esa noche. Mi docente pudo decirme hacia dónde tenía que ir, sin detenerse en defenestrar el camino ya andado. Él vio la mano que hacía el dibujo, la mente que lo pensaba y los ojos que observaban. Me vio detrás de esas hojas con dibujos feos.

Todavía me emociono cuando pienso en esa noche. Todavía sigo agradecida.

Feliz día del maestro.

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Comentarios»

1. Carolina - septiembre 11, 2010

Qué lindo es encontrarse de repente, en el momento donde estamos a punto de tocar fondo, con esas personas que ven lo invisible en nosotros..y lo hacen brillar brillar..

Hermosa historia!!

Besos!!

Malena Ferrini - septiembre 23, 2010

Hola Carola. Esta anécdota siempre me hace pensar si yo tengo o no esa capacidad de ver a las personas más allá de lo evidente. Cómo se hace para lograr eso, no lo sé, pero quisiera aprender urgente. besos

2. Romina - septiembre 12, 2010

Hay gente que da clases.

Hay gente que enseña.

Hay gente que es maestra. 🙂

Y hay gente que le pone el lomo a la docencia todos los días, sabiendo que salen a bailar con la más fea, entre aulas en ruinas, alumnos malnutridos, sueldos malpagos, programas anquilosados, padres ausentes e instituciones indiferentes. A veces pueden enseñar, a veces tratan de dar clase, a veces son maestros, a veces se les va todo al carajo. Son algo así como changarines de la educación, se cargan todo al hombro y llegan hasta donde pueden durante toda su jornada. Démosle su tajada de reconocimiento también. Porque son los que vuelven a la escuela aun cuando las circunstancias ni los deja dar clases.

(se lo dedico a mi ex, que fue quien me lo enseñó, aunque él no lo sepa)

Malena Ferrini - septiembre 23, 2010

Que lindo comment, Romi, brindo por la gente que es maestra. besos

3. Pupa - septiembre 13, 2010

Me parece Malena, que vale la pena nombrar al maravilloso Mario Delhez (¿lleva esa “h”?), es un verdadero honor haber estado entre sus alumnos. Excelente maestro, bellísima persona.

¡Feliz día!

(que lindo lo que escribió Romi)

Malena Ferrini - septiembre 23, 2010

Puppa, que adivinadora… es justamente él, un gran maestro que me marcó como profesional, como persona… y como docente. Saludos!!

4. Diegos patitas - septiembre 13, 2010

La locura ,en ocasiones ,es la puerta al descubrimiento, rompe las lineas ,delineando pèrfiles alternativos para que luego en la tranquilidad de la sabiburia, aprenda de manera natural.. .

Malena Ferrini - septiembre 23, 2010

Hola Diegos, nada como un sabio para iluminar los caminos a recorrer. saludos

5. SOL - septiembre 13, 2010

Ojalá hubiera más profesores así

Malena Ferrini - septiembre 23, 2010

Hola Sol, Ojalá los hubiera, sin embargo basta tener uno en la vida para dejar una marca indeleble. saludos!


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