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No vas a conocer al amor de tu vida en el boliche enero 24, 2011

Posted by Malena Ferrini in Dialecto Femenino, Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Semiótica Viril.
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Dos semanas después de conocerlo, le mandé un sms.

“Hola Juan. Soy la chica del vestido magenta.”

Por primera vez en muchos meses, la respuesta masculina llegó instantáneamente.

“hola melena q lindo q apareciste”

Desconsiderado, no usó mayúsculas, escribió mal mi nombre, usó abreviaturas y se comió todos los signos de puntuación. Eso es apuro o desconsideración. No hay otra.

Al menos tuvo el buen tino de no pifiar la ortografía.

Pero tampoco dijo nada.

Bah, nada de nada, no. Le ha gustado que aparezca finalmente. Se ha acordado mi nombre. Sabe cuál es el color magenta.

¿¡Sabe cuál es el color magenta?!

Si no es diseñador, es gay.

Los hombres bien machos son como los monitores viejos: tienen una paleta cromática muy acotada.

Ja, vengo de fijarme en fu**ing wikipedia: los monitores CGA de los años 80 ya tenían 15 colores*. Entre ellos dos magentas diferentes.

O sea, quizás no sea gay después de todo.

Sin embargo no me invitó a salir…

Añoro aquellas doradas épocas en las que los hombres simplemente llamaban. No quisiera resignarme al text-flirting.

*Sí. Soy una nerd irremediable.

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Comentarios»

1. Romina - enero 24, 2011

No comulgo con la idea del “amor de la vida”. Por una parte, porque es un concepto estático estar seguro de que dos personas serán compatibles para siempre, porque siempre serán iguales a quienes son hoy, y eso no es cierto. Uno lleva muchas vidas adelante, a partir de muchas cosas que lo van cambiando, y eso también vale para el otro. Estar convencido de que nunca cambiarán o de que siempre cambiarán para el mismo lado es una insensatez.

Por otra parte, es un principio peligrosísimo: si uno realmente se convence de que x es el amor de su vida y esa relación fracasa, bueno, pues no le quedará otra que cerrar el boliche, porque ya NADA por venir puede superar eso. Y eso plantea un resto de existencia muy triste, por no hablar de profecías autocumplidas.

Yo creo que hay “amores”, de tiempos largos, de un año y medio, de un mes, de la próxima media hora. Visto de un tiempo a esta parte, creo que tampoco me importa. Alguien me dijo hace poco: “Sí, la monogamia es realizable, pero no dura”, pero es un error: durar, siempre dura algo (en nerd, es un delta t, y siempre hay un delta t por más que sea mínimo); no dura para siempre, por lo menos en la gran mayoría de los casos. Pero no creo en desdeñar a esos “amores” (sí, con comillas, no me gusta rotularlos con anticipación) sólo porque su probabilidad de eternidad sea mínima (muy mínima). Es como recibir un ramo de rosas y sólo poder ponerse triste porque alguien las ha cortado y morirán, y no poder ver cuán bellas son hasta que mueran. No. Yo quiero disfrutar de la duración, sin preocuparme cuán larga será (y realmente sin preocuparme, porque tratar de perpetuar las cosas también es un error).

Yo sé cuando salto que tarde o temprano volveré al suelo. Sé aún que es probable que me estrelle contra ese suelo impío. Sé cuán vacuo resulta estar de nuevo en el piso. Pero salto igual. Porque mientras estoy en el aire, por dos segundos, por dos minutos, por lo que sea, es como si volara, y es excelente. Y yo ya sé que no se puede volar, pero nada va a privarme de esa sensación. Ni siquiera el certero golpe del final.

No importa cuánto dure. Nadie tiene asegurado nada. Solo queda no tener miedo a saltar.

2. Romina - enero 25, 2011

Puf, a veces no me sé limitar…

Otra cosa. Más allá de la posible existencia del amor de la vida, me quedé pensando en la posibilidad de conocer a alguien no digamos “para casarse” sino medianamente potable en un boliche, y llegué a la conclusión de que, para que tal milagro ocurriere (bah, no es tan milagroso, yo me he cruzado con gente realmente entretenida en varias ocasiones), debería suceder que la gente fuera a un boliche (o a cualquier parte, por caso) con la verdadera voluntad de conocerse.

Hay mucho falluterío. Hay una cultura del exitismo que nos exige mostrarnos bonitos, impecables, inteligentes (bah, algo así), felices, talentosos, adinerados, etc., 24/7. Pero nadie es así 24/7. Entonces fingimos y perdemos toda esperanza de conocer a la persona falible real, y de reconocernos en la fachada exitosa que nos exhibe el otro, que se parece a la careta propia pero nada tiene que ver con el manojo de inseguridades que realmente está atrás.

Tenemos que dejar de dibujarla. Tenemos que empezar a ser nosotros aunque siendo nosotros nos vaya para el orto, simplemente porque alguien tiene que empezar. No quiero ser una careta exitosa (si es que eso pudiera existir), nadie debería ser una cascarita exitosa. Si estamos tan aterrados de mostrar quiénes somos, nos cerramos absolutamente a la posibilidad de que alguien sepa quiénes somos, y por ende a la posibilidad de afectar sinceramente las vidas de otros, y por ende a trascender.

Yo quiero tratar. Tengan preparadas las curitas, por si acaso. Seguro que las voy a precisar.

(y ya la corto con la verborragia)

3. Oscuro - julio 13, 2011

Pero vos tampoco le dijiste de salir

4. querés melón? - septiembre 13, 2011

Debería volver la colimba.

Malena Ferrini - octubre 8, 2011

jajajajajaja!! tiene usted razón!


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