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Untermensch* junio 28, 2012

Posted by Malena Ferrini in Dietas y actividad física.
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Lo peor de la secundaria fue sin dudas gimnasia.

No importaba el frío que hiciera, lo primero que había que hacer era sacarse la campera. Después la profe nos tomaba lista (obvio, ella se dejaba el gamulán) y nos mandaba a correr o saltar la soga. Ojalá entrábamos en calor.

Formábamos una filita una al lado de la otra. Enfrente estaban las mejores, decidiendo con quién valía la pena jugar, se elegían entre ellas al principio. Les tocábamos en suerte al final.

No importa cuál fuera la actividad, no podíamos usar anteojos. Había que jugar bien o soportar las puteadas la ira del equipo. Y había que hacerlo frente a la horda de espectadores que asistieran al escandaloso show de la reina del curso y su calza hundida hasta el fondo en la raya del poto.

Siempre al final del trimestre venían las dichosas pruebas. Saltar y alcanzar, caminar en cuatro patas y otras más crueles. La nota se medía en centímetros, cantidad de repeticiones, pelotas encestadas o vueltas a la cancha. Como las notas se calculaban en base al promedio del grupo, le pedíamos a la gimnasta del curso que por favor no haga tantas repeticiones, pero la minita esta hacía 2000 abdominales por día, y en LA materia que se podía lucir, se lucía.

Entonces al día siguiente siempre había un desgarro vendado, olor a mentisán o un incisivo dolor en la ciática.

Era triste y frustrante. No sé si pensar que era injusto.

Me pregunto si alguien se habrá sentido así cursando cualquier otra materia del secundario.

Me pregunto, qué trataba de enseñarnos esa profesora.

*Término nazi para referirse a las “personas inferiores”. Fuente.

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Principio de realidad junio 11, 2012

Posted by Malena Ferrini in Éxito profesional, Carrera y finanzas.
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Tal vez hoy envejecí un poco. Agregué a mis principios unos fines. A mis ideas unos planes. A mis convicciones unas acciones.

Dicen que crecer es doloroso, y yo me imaginé que esas eran huevadas de adolescentes. Resulta que no… Me acuerdo de haber escuchado a mi papá hablando de los ideales de juventud, y de cómo uno cree a cierta edad que ha venido a este mundo para cambiarlo.

Yo he pensado que con ganas de trabajar se puede. Pero ¿se puede?

Es algo loco y abstracto hacer un duelo por eso, llorar por la pérdida de las utopías, querer volver a la ilusión omnipotente de que el mundo es un lugar donde mis principios significan algo y mis acciones se relacionan con mis fines.

Quizás subsistir implique dar un rodeo, pero no quisiera olvidar que allá, en ese lugar que quizás no visite en esta vida, estarán los fines de los principios a los que hoy decido aferrarme.

Sabelo, mundo. Algo te voy a cambiar. Aunque sea lo único que haga.