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No agreguemos más presión de la que ya hay agosto 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Arte culinario, Autoayuda, Secretos de conquista.
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Ya el asunto de la salida en sí venía medio tirado de los pelos por cosas que no voy a explicar acá, pero me gusta el sushi y él me daba intriga. Dije sí.

Un día antes de lo esperado, me llamó al celular para avisarme que en diez minutos pasaba a buscarme. Me había confundido de día de la semana y estaba hecha un cachivache de joggineta, chateando con la computadora en las piernas (la laptop, no me veo en esa pose con una CPU y un monitor de 17…). Yo no soy las mujeres, pensé mientras le decía la verdad pero le aseguraba que iba a estar lista a tiempo. Colgué el teléfono apagando la PC y mirando la pila de ropa en la silla.

Unas cepilladas en el pelo. El chupín gris, la remera verde, unas botitas grises, desodorante y perfume en la nuca, atrás de las orejas y las muñecas. La cartera gris: billetera, check!… llaves, check!… El celular sonando cinco minutos antes de lo deseado y ya está estacionando tengo que bajar pronto así no toca el portero. Saco de lana y brillo labial. Go, go!!

Después no pude con el genio: me volví a buscar un collar. Pero bajé a tiempo y me di cuenta de que estaba re desabrigada.

Nos trajeron la carta y tiré uno de los palitos al suelo (a quién se le ocurre ir a un lugar con palitos en la primera salida). Al final decidió él porque yo me quedé embelesada con el arreglo tipográfico y la puesta en página del menú, ahí se me trabó el seso un buen rato. Creo que fue hasta que dijo:

-Cuando vengo acá siempre hacemos un juego: el que al final tiene más limpio en mantel, gana.

Dejáte de joder pedazo de villano, como si no fuera ya complicado remar la cita siendo torpe como soy, mal arreglada en cinco minutos, comiendo con palitos y sosteniendo una charla… pensaba yo.

-Mejor que no, ya de por sí se me está complicando hablar y usar palitos a la vez… ¿No te parece mucho?

-Jaja… Bueno, como quieras.

Cuando nos retiraron los platitos, el mantel blanco tenía unos goterones enormes, pero del otro lado, porque mi mitad estaba inmaculada. Estuve tentada de hacerle leru-leru y el festejo del chileno Salas… pero me contuve como una princesita. Sólo gané porque no hubo ninguna competencia.

Qué llevar a un almuerzo con la familia de tu chico junio 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Arte culinario, Asuntos de pareja, Temas familiares.
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Suponete que te invita a comer tu suegra y no tenes idea de qué diablos llevar para quedar un poco bien. Es fácil meter la pata, ponele que les elegís un vino y son abstemios, o peor aún conocedores. Antes de que te dé un ataque de pánico, prendé el horno.

En un bol grande poné 3/4 taza de manteca a punto pomada, 1 1/4 taza de azúcar, dos cucharadas de leche y un chorrito de vainillín. Batilo hasta que esté cremoso (mejor con batidora, porque si no sacás unos brazos…)

Agregá un huevo y después, con ayuda de una cuchara de madera, integrá 1 3/4 taza de harina común, una cucharadita de sal y una cucharada de polvo de hornear.

Dependiendo de lo mucho o poco que la quieras a la suegra, podés agregar algunos de los siguientes ingredientes optativos: almendras en rodajas, nueces trituradas, chispas de chocolate, pasas de uva, muesli, mini rocklets…

No te asustes, claro que veo que te ha quedado un menjunje de consistencia dudosa, esa es la idea justamente, no estás preparando una masa, así que dejala como está.

Seguro es algo parecido a esto.

Con una cuchara, poné montañitas de la mezcla en una lata para horno, calculá que queden a por lo menos 5 cm de distancia, porque al cocinarlas se apachurran un poco.

Meté la lata unos 10 o 12 minutos al horno, cuando la saques, vas a encontrarte con unas galletas redondas y blandengues. Dejalas enfriar tres minutos en la misma lata y comete una. Ídola, manjar de dioses. Ahora basta de comer, que este manjar no es para nada diet.

De aquí en más, tenés dos opciones:

  1. Las llevás en un tupper de tu vieja que reclamás antes de volverte a tu casa.
  2. Las ponés en un canastillo de mimbre envueltas en una servilleta bordada con tus propias manos, que les dejás de regalo.

No importa la opción que elijas ni cuanto te odie la suegra, todos amarán las galletas.

Reviews:

“Me llevo otra más para el camino” -Yo misma

“Que ricas, parecen milanesas” -Ex-Suegro

“¡Estas son las galletitas de Dios!” -Mi amigo Pichón

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Receta adaptada y traducida de Goodhouskeeper’s (la revista yanqui de las amas de casa).

Cómo preparar unos bifes a la criolla mayo 25, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Arte culinario.
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En el día de la Patria, una típica receta argentina, barata y poco trabajosa para cocineras inexpertas que tienen ganas de lucirse con un plato regional en el bicentenario. ¡No la confronte con alguien que sabe! Garantida, rápida, rica y a prueba de fallas*.

Ponga en la olla ESSEN un chorrito de aceite de oliva, un colchón de cebolla cortada chiquita. Sobre las cebollas extienda un bife por cada comensal. Sobre los bifes, una papa por persona, cortada en rodajas.

(Se puede poner también pimiento, tomate, honguitos, camote, mandioca, arvejas, dependiendo lo que haya disponible y lo que a usted le den ganas.)

Ajo, sal, pimienta, orégano, ají. Si quiere, saborizadores.

Agregue agua hasta que el nivel llegue a la mitad del nivel de los ingredientes. Tape la olla. Póngala a fuego acorde a su apuro y cuando hierva, lo baja al mínimo.

Vaya a hacer sus cosas, pero no se olvide de chequear cada tanto. Agregue agua si se le consume todo el líquido antes de haberse cocinado los ingredientes. Cuando las papas estén blandas y la carne no esté roja, ya está listo.

Si ha comprado bifes muy duros (así sale más barato), agréguele un poco de agua y cocínelo un ratito más, créase o no, se tiernizan.

Si lo puedo hacer yo, a cualquiera le sale. No pongo la foto porque hoy se me desintegraron las papas.

(Si se le desintegran las papas, haga un puré gurmet)

Esta receta me la enseñó mi mamá, la cocinera más heterodoxa, versátil y veloz que conozco.

*La receta presente no ha sido sometida al escrutinio masculino, no garantizamos que sea capaz de conquistar un corazón. Por las dudas hágala igual con mucho amor.

Dos maneras de cortar una cebolla mayo 23, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Arte culinario, Asuntos de pareja, Cómo perder a un hombre.
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Para el genio, para el lobo, y para el hombre bueno que necesita seguir cumpliendo sus promesas.

Acá estamos y nos miramos con las ganas de siempre mientras me discutís la manera de cortar la cebolla. ¿Vos sabés que ya lo había pensado? Tengo un fundamento que agradecés porque te lleva a reflexionar, pero igual la cortás a tu manera y no llorás.

Condimento la salsa y tu abrazo es desmedido. No puedo pensar en nada. No puedo ansiarte si sus brochas de maquillaje están ahí dormidas en el baño. Entonces estamos, como siempre, como nunca, (quizás) quieriéndonos a destiempo mientras ella hace algo que no sé en otro lado, pero está ahí en las paredes de la casa. En las historias que no aprendo a des-contarme cuando veo sus libros en la estantería.

La comida está bien, pero no podríamos terminarla aunque quisiéramos. Estamos llenos de besos que maceraron años mientras yo te decía que no y vos me buscabas (o la buscabas a ella).

La comida está excelente. Pero nos raptan los abrazos, nos arrancan de las sillas, de la ropa. Nos arrancan de la verdad. Nos arrancan de nosotros. Te miro y sos ese que cantaba los redondos hace tantos años. Ahora tu cara tiene otras marcas y tus ojos son más hermosos. Tus dedos en mis labios me imploran que no rompa este silencio todavía.

-Decime. ¿El amor es un rayo que te parte todos los huesos o es eso que se construye todos los días?

-El amor es lo segundo, Malen. Lo otro son mentiras. Lugares de fantasía. Pequeños mundos felices que creamos para escaparnos de las cosas que nos duelen todos los días.

-Entonces no. No puedo, mi amigo.

Yo no quiero ser otra mentira. Apoyo la cabeza en el almohadón mientras te miro hablar solo sin parar. Acaricio tu frente blanca y ajena pensando en ella, en su documento en la mesita del televisor.

Una taza de café me devuelve al micro, al trabajo, a mi verdad. Estoy vacía de volver y encontrarme conmigo mientras pienso en las cosas que me duelen todos los días y los pequeños mundos felices que no sé crear para paliarlas.

Una vez más reflexionamos. Pero esta vez la cortamos a mi manera.

Aunque me toque llorar un poco, esto ya no va a ser.

Pero cerca, aquí cerca el lobo aúlla
despertando al mal hombre,
al mago bueno
con un corazón que no puede
cumplir más promesas ya.

(…)

Me pude apartar de tu corazón
en otro crimen más
y me alejé de tu seducción
y tu dulce voz.

Mi genio amor – Carlos Solari

Cómo preparar un pic-nic de panquequitos con dulce marzo 30, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Arte culinario, Ocio y viajes.
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Para vos, que querías la receta.

También les dicen crépes

Puse en un bol 2 huevos sin cáscara, 30 gramos de margarina derretida, 1/4 litro de leche y una cucharadita al ras de sal. Revolví todo con un batidor de alambre y cuando la mezcla estuvo homogénea incorporé 120 gramos de harina común. Seguí batiendo hasta que no quedó ni un grumo y entonces, sin dejar de batir, agregué 1/4 litro más de leche y otros 100 gramos de harina.

Cuando volvió a quedar homogénea la mezcla, la dejé descansar un ratito mientras preparaba la mochila con el equipo de mate, un frasquito de mermelada casera de mi abuela, una cucharita, un mantel y muchas servilletas de papel.

Cuando la sartén estuvo bien caliente, le puse un poquito de margarina . Después me ayudé con un cucharoncito para poner un poco de la mezcla en el medio, y esparcirla por todo el fondo de la sartén. Cuando los bordecitos empezaron a despegarse, la mezcla se transformó en un panqueque. Con una espátula lo di vuelta sin demoras y 30 segundos después lo saqué del fuego.

Así seguí hasta terminarme la mezcla, renovando la manteca cada tanto, tarareando una canción de Basia Bulat que otro día les cuento mientras la pava empezaba a zapatear en estado de ebullición. Los envolví cuidadosamente en un film y los metí en la mochila pocos minutos antes de escuchar el bocinazo en la puerta de casa.

A medida que los comíamos íbamos untando la mermelada en cada uno y enrollándolos para comerlos. Los engullimos en una hermosa charla con esa persona que tanto quiero (modestia aparte, se cansó de felicitarme por lo ricos que estaban).

El dulce fue lo mejor de esos panqueques. Fueron las palabras, la risa y la ternura de mirar unos bellísimos ojos oscuros que brillaban llenos de amor cada vez que te nombraban.

Texto adaptado del libro de Doña Petrona.

La mujer debe aprender a enviar las señales correctas cuando invita a un hombre a comer pero tiene en mente otra cosa marzo 21, 2010

Posted by Malena Ferrini in Arte culinario, Secretos de conquista, Semiótica Viril.
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Después de que Mona publicara una historia sobre una velada, con mi amigo Gnocci nos quedamos pensando en los preparativos que hacemos las mujeres cuando estamos por recibir a un hombre en nuestra casa.

Chin chin

A veces invitar a un hombre a cenar implica caminar quince cuadras con mil bolsas pesadísimas traídas del Vea a duras penas, una hora y media cocinando, otra hora limpiando, un cambio de sábanas, una tarde en la depiladora, un baño de crema. El stress de elegir el vino sabiendo que una posee paladar de amianto (será un malbec o un cabernet de etiqueta decente y precio razonable). La inquietud de decidir una ropa interior ni muy muy ni tan tan por las dudas que se dé, y la certeza de encontrarnos con una herida en el ego si lo que teníamos imaginado no sucede tal como lo pintamos en la cabeza.

Gnocci me contó el otro lado de la situación. El tipo no sabe si llevar flores, vino o postre. Sí irá bien vestido, perfumado, afeitado y cuidando (por si acaso) que los boxers estén blanco ala y sin agujeros. Tocará timbre un poco nervioso, y al entrar buscará con su radar todas las señales posibles que le ayuden a decidir de qué manera comportarse.

La mujer no se insinuará demasiado, a ver si él piensa que es un gato.

El hombre tampoco tomará la iniciativa, a ver si ella cree que es un bestia planetis, o peor, un psicópata sexual.

Entonces ella cruzará las piernas pensando ahora lo va a entender y él se agitará en un vértigo mental, temeroso de quedar como un paparulo por no tocarle la rodilla. Ninguno de los dos sabrá si debería ir más rápido, si sobra el sweater, si la insinuación dio resultado o si todo está a punto de terminar en un ojalá que sea trolo, no puedo creer que no haya pasado nada después de tanto preparativo. Y peor aún, en un amarguísimo quién entiende a las mujeres, son unas histéricas que tira que afloja… y al final… ¡Nada!

A modo de conclusión, Gnocci me comentó en qué cosas se fija él a la hora de decidirse a tomar la iniciativa:

  • El menú incorpora jengibre, nueces u ostras.
  • Hay vino, mucho y rico para compartir.
  • La música es lenta, melosa.
  • El ambiente está iluminado con velas.

Después me dijo que su teoría no es infalible y que el que no arriesga no gana.

Quelotirólaspatas. Volvimos al principio.