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Regresiones/revoluciones/revelaciones enero 18, 2011

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda.
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Cuando tenía seis años me volvían loca los caballitos de mi pequeño Pony. Los peinaba, los bañaba… una vez quise limpiar con alcohol uno de los ponys de mi hermana y le borré un ojo. También me gustaba Brigada A, especialmente Mr. T. Me pintaba con un corcho y jugaba a ser Mario Baracus. Hay fotos mías que así lo atestiguan.

Practicaba patín artístico (qué ironía romperme el codo patinando), guitarra, gimnasia jazz y cerámica. Dibujaba, me subía a los árboles y sabía poner el cassette de Carozo y Narizota.

Tenía muchísimos piojos pero no me importaba demasiado. Sin embargo era muy coqueta. Le pedía a mi mamá que me hiciera el peinado placita (con el tiempo llegué a enterarme que era un invento de ella nomás), también le usaba las pinturas y los tacos aguja.

Me divertía imaginándome que era un lavarropas mientras daba vueltas metida en el fuentón donde mi abuelita solía bañarme. Preparaba tortitas de barro. Hacía espirales revoleando la manguera del jardín y me imaginaba transformándome como She-Ra, en una poderosa guerrera con un caballo alado. A veces no me daba cuenta de que era invierno y mi mamá me daba un reto por empaparme.

Cuando tenía seis años, agarraba cualquier trapo blanco que tuviera a mano y me imaginaba con un hermoso vestido de novia, caminando como una princesa mientras tarareaba la marcha nupcial.

Cuando yo tenía seis años hacía todas esas cosas mientras mi prima se hacía caca encima y no entendía nada del mundo. Ahora ella va a casarse y, para vergüenza mía, me detona la más vil de las envidias.

Lloro como una nena. Ella está haciendo lo que yo sueño, y yo sólo hago cagadas.

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Si el mundo fuese claro, el arte no existiría (Albert Camus) enero 13, 2011

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda.
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Me vacié. Siento un poco que volqué tanto acá, que ya no queda mucho de donde sacar más. Me leí. Me conocí. Me desconocí. Me horroricé.

Ahí está mi blog y soy yo con las tripas colgando. Acá estuve y me abrí al medio como una res.

Se me salen los banquetes de mi prima a medio digerir, los Juanes que me hicieron sufrir, las lágrimas de despecho, los quilombos laborales, las desilusiones que me rodean y los excesos que cometo.

Se me escapan los meses sin entender el puto secreto de la gente que aprende a ser feliz.

Quise ser arte, pero soy una vaca desangrándose en la sala de un museo.

Un happening patético que se replica por todas partes. Un espectáculo macabro en medio del calor pegoteoso y las moscas revoloteando.

___

El lunes empiezo terapia.

Quizás las respuestas que tanto busco en otros, estén en mis propias tripas.

Todo es cuestión de perspectiva diciembre 3, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda, Cómo perder a un hombre.
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Vi a mi ex ayer en la calle. Se ha dejado una barba prolija, ha convertido sus grasas en músculos y sonríe con encanto en la camisa que le regalé hace un par de años.

Ahora es como un adulto. Visto desde lejos, con sus carpetas y sus rollos de planos en las manos, su voz clara y esos ojos chispeantes que supieron mirarme con furia y amor. Ya no está triste, ya no quiere buscarme y se para en sus dos piernas con la frente en alto, sacando pecho orgulloso. Tengo ganas de llorar y me sale la impecable sonrisa guasona. Me escondo en un rincón oscuro, por suerte él no me ha visto y pasa de largo.

Ya va a ser un año entero de lidiar con espejertos diversos y aprender a aliviar mi mal de su desamor con soledades irremediables. Nadie como él para recordarme quién iba a ser cuando llegara un día como hoy. Nadie como él para hacerme sentir que el fracaso se llama Malena y mi dolor no es otra cosa que yo misma haciéndome las mismas lastimaduras una y otra vez, pero con distintos cortopunzantes.

I’m with everyone and yet not

Hoy sólo me salvan Minerva y Gwen, cagándose de risa en la cara misma del desamor.

Un orden nauseabundo noviembre 22, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda, Secretos de conquista, Temas familiares.
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Para mi amiga Romina, que ya trató de enseñarme a hacer lo que se me da la gana. El post que sigue salió escuchando esta canción.

Esta mañana me desperté angustiada. No sé si fue algo que soñé o algo que pensé antes de dormir: sentí que no estoy a la altura de lo que debería ser.

No sé qué responder a casi ninguna de las demandas que plantea esta sociedad, esta cultura en la que me tocó nacer y crecer. Parece que no, pero hay una exigencia tan enorme que subyace al amor, el cuidado, el quedirán. Por Dios qué va a decir la gente. Una preocupación que esclaviza, acorrala y cercena sin que siquiera intentemos pelearla un poco. Sin negociar, sin pensar, sin sentir, simplemente acatando un paradigma que nos es dado de antemano, un lugar cómodo que creemos nuestro, de tan hondo que ha penetrado.

Tenés que ser una buena mujer. Tenés que mantener una compostura. No sea que de tanto detonar te quedes sin la posibilidad de encontrar un hombre que te quiera y te respete. Porque una vez que perdiste eso que te hace lo suficientemente decente, ya no sos digna. No sos normal. Ya sos cualquiera y nadie te va a tomar en serio. No tenés eso que busca un hombre en la mujer que quiere para enamorarse, la futura madre de tus hijos.

Es cruel sentir que el amor alguien va a venir de algo que hiciste o dejaste de hacer. Es triste arreglarse una cáscara para gustarles a ellos y negar lo que hay más allá. Gustarles a quiénes. Porque son un fantasma que no es nadie y son todos, está en vos cuando me comparás y me juzgás, o en mí, cada vez que me da pudor ser yo misma y hacer lo que se me antoja. Cada vez que digo sí, pero siento no. Cada vez que me da miedo equivocarme, pero no por las consecuencias de mi error, sino por el desamor y la condena.

Hay que hacer bien las cosas o si no acabás mal. Bien es lo que yo digo, lo que dicen todos y nadie.

Pero acabar mal, a cualquiera puede pasarle, hasta al más atenido de todos. Porque nadie se salva de la incertidumbre, nadie tiene la felicidad comprada, no existen garantías en esta vida.

Quizás la única salida de todo esto sea ser fiel a mí misma. Aprender haciendo: equivocándome o acertando. Tener la tranquilidad de que soy libre y responsable de las consecuencias de mis actos.

Rebuscármelas para ser feliz por mis propios medios. Ser mi propia dueña, que no es poca cosa.

A vos, que sos todos y nadie… Sé qué estás pensando. Superalo. No soy tu propiedad.

El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer (Oscar Wilde) noviembre 16, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Éxito profesional, Carrera y finanzas, Formación profesional y capacitación.
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Trabajar topadoramente, estudiar salir a mil lugares distintos y meterme en cien cosas a la vez me ayuda a ser feliz.

Pero hay algunos días en los que me doy cuenta de una o dos cosas.

Esos días me doy cuenta de que estoy cenando el guiso en una taza mientras sigo en la computadora haciendo nosequé y el libro que leía justo se acaba o me aburre, momentos en los que no tengo el cuaderno para tomar notas de las cosas que pienso (que siempre son demasiadas), días en los que camino a toda velocidad para llegar antes de lo necesario y encontrarme con horrorosos minutos vacíos. Me hago las manos, llamo por teléfono, escucho música, chateo, me maquillo, voy en el micro, leo una revista, escribo en el blog y preparo mis exámenes. A veces todo a la vez. Miro la cortina ondulándose en el viento y ya pensé en la tela, el barral, los vidrios, los paraísos, la vez que mi enamorado me despertó tirándome pelotitas de los árboles en la ventana , la soledad, los abrazos vacíos, el clima, los árboles, el frío, los pájaros, el verano y las vacaciones que van a estar geniales.

Algunas veces también  logro detenerme por completo. Casi siempre mientras me baño.

Ahí sola, desnuda y vacía lloro sin parar.

Como si me hubiera perdido y no tuviera manera de volver a encontrarme.

Me gusta ser mujer (Nacha Guevara) noviembre 14, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Dialecto Femenino.
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¿Qué pensaba Nacha cuando lo dijo?

Ellos no se preocupan por la edad, de hecho a muchos las canas les sientan maravillosamente. Pueden tener hijos a los 20, los 40 o los 60 sin que nadie los señale como añosos.

No tienen problemas con la celulitis, porque simplemente la estadística decidió depositarla en nosotras las mujeres.

No importa si se les arrugan un poquito los ojos, si son narigones, orejudos o tienen los dientes separados. Esas son cosas que en el peor de los casos los harán más interesantes.

Nadie los trata de mugrientos por tener pelitos en las piernas.

Consiguen las mejores marcas de ropa interior a precios irrisorios (incluso pueden darse el lujo de no ponerse ropa interior, total no se les nota nada).

Comen cualquier barbaridad, toman litros y litros de alcohol, y no engordan.

En promedio ganan un 17% más que nosotras.

No tienen que ponerse esos cruentísimos insalubres zapatos que la moda sugiere a las mujeres.

Pueden ir por la vida despreocupados de su reputación. Un hombre que sale con varias chicas a la vez es un dandy, una mujer que hace lo mismo… díganme ustedes.

La intuición femenina: un arma de doble filo noviembre 8, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Cómo perder a un hombre, Secretos de conquista.
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Lo peor de tener esta intuición es que nunca, nunca se equivoca.

Hago fuerza para pensar que no debo confiar ciegamente en ella, que si me doy tiempo voy a probar que las cosas no son como me dice mi tripa cuando elige hacer ese retorcijoncito y darme información tan importante como: es la última vez que lo ves, no vayas por esa calle, este hombre quiere estar con esta mujer, esta persona te está estafando, podés confiar en él, guarda con el bolso, hay que agarrar para allá, ese micro no es el tuyo, ese alumno está guitarreando, ese tipo es un garca, acá hay gato encerrado, le gusto, me está mintiendo, me quiere bien… y así sucesivamente.

El otro día hablaba con uno que no me decía el apellido y la tripa me dijo “este tipo tiene un rollo inconcluso con otra”.

Escribo este post antes de averiguar la verdad, porque obviamente haré oídos sordos. Ya tendré tiempo de lidiar con la realidad.

Sobre la soledad y cómo sobrellevarla octubre 26, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Consejos de belleza, Secretos de conquista.
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Este post me salió después de leer el comment de Romina.

Yo no soy nadie porque no me has visto. Existo en un choto corte de pelo, en una cinturilla, en veintinueve años de recuerdos. A veces me da pena el filtro de gustar, el cuidado de no decir ciertas cosas, de no ser torpe o cargosa para que un NN no salga corriendo y me haga el favor de conocerme. De mirarme más allá del bendito corte de pelo, más allá de mi cuerpo o qué se yo qué.

Lloro mientras me pinto con waterproof y me río bien fuerte en el ruido de la noche. Me tomo un trago y me voy a mi casa de cama vacía. A mi mañana de café apurado, de corrida de micro, apretujada no existo y me da pena atrás de los lentes de sol. Y trabajo y vuelvo y vomito negras letras aporreado en el teclado porque no estoy. Porque pienso pero no digo, hablo y escribo y no soy. No sé qué ser.

Soy nadie, ninguna.

Escucháme, es horrible. No sé qué ser para gustarte. No sé en quién convertirme para que me ames. No un bicho raro arrugado y triste. Así no me querrías, así no, sólo perfecta pelilarga flaca y exitosa.

Pero nada de eso. Apenas libre soy. Tengo una mochila ávida de mundo, unos ojos tristes, unas caderas voladoras.

Sueño despierta, me emociono al sol pensando que en un mundo insensato el aturdimiento puede abandonarme un día. El día que no soy lo que puedo darte ni lo que vos querés, sino lo que sale de mí.

El día que entiendo que así nomás vas a amarme. O por lo menos así voy a amarme yo. Con vos o sin vos.

No te pongas emocional en una discusión de pareja octubre 24, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda, Consejos para hombres, Dialecto Femenino.
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Pocas veces es bueno ponerse demasiado emocional en medio de una discusión con tu hombre. Corrés el riesgo de que te pregunte.

-¿Qué te pasa, te vino?

Pregunta de mierda, si las hay. Todos los racionalísimos argumentos que hilvanaste, las lógicas explicaciones que diste, y todos los esfuerzos que pusiste  para resolver la situación lo antes posible han de ser echados por tierra al contestarle con llorosos ojos.

-¡Sí, pero eso no tiene nada que ver con esto!

Nada más decepcionante.  Tu hombre habrá logrado infiltrar entre tus lágrimas, tu angustia o tus reproches una pregunta soez como esa. Una llave maestra que acaba el problema tapando el vórtice hormonal con abrazos… o acrecentándolo a niveles insospechados.

-Vení, no estés triste. Yo te voy a abrazar.

Un consuelo para tontos, una curita que no resuelve nada.

-Qué me vas a abrazar, pedazo de misógino sexista insensible. Cuando me viene también puedo pensar ¿sabés?*

*Nota: Esa última frase matadora rara vez será pronunciada. Probablemente llegue en un pensamiento dos o tres días después de la pelea. Cuando los días hayan terminado y ninguno de los dos recuerde sobre qué diablos era la discusión.

______

Por las dudas, tomá nota del problema y de los argumentos. Y aprendete de memoria la frase matadora, a ver si logramos que escarmienten y dejen de preguntar pavadas de una buena vez.

Cómo sobrellevar dignamente el vigésimonoveno cumpleaños octubre 19, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Ideas sexy para conocer hombres, Temas familiares.
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Qué depresión llegar a la edad en que las viejas pelotudas del barrio empiezan a preguntarte para cuándo los confites. La vida es jodida y cuando llegás al futuro te das cuenta de que todo lo que te imaginabas es una bendita farsa sociológica.

Me levanté como todas las mañanas, tarde y a las apuradas. Dejé sin tomar el café recién hecho y trepé como pude a un colectivo lleno de gente. En la oficina me esperaba una pila de trabajo. Ahora sí, café como ácido muriático, facturas de pastelera y mil calorías cada una. Almuerzo solitario en la plaza con cacas de perros y una tarde larga y gris frente a la compu con dos mensajes de texto: Movistar duplicate y mi colega preguntándome si la cafetera quedó apagada.

A la salida de la oficina me fui para el bar donde siempre nos juntamos para los cumpleaños de todos. Me llamó la atención llegar y no encontrar a nadie, pero igual me pedí un trago. Cualquier cosa con tal de no volver a mi monoambiente de silencio total, cama deshecha y pared blanca.

El primer trago me pareció dulzón. Sentada sola en la barra sentía algo como el glamour cosmopolita de una chica Bond. Sobre todo cuando se acercó un turistito irlandés blanquísimo y pelado como un huevo duro y me pidió fuego. Lástima que no fumo, pensé mientras él me compraba un Martini o dos.

Poco tiempo después estaba muerta de risa. Pero de una risa negra y pegajosa de petróleo o alquitrán. Al turista no le entendía un soto, pero me apoyaba la mano en la cintura, sonreía y hablaba, hablaba sin parar en español imposible, pésimo inglés y dialecto desconocido. Llegué a la aceituna del fondo con el último sorbo y antes de poder escupir el carozo el beso irlandés me impregnó el paladar.

-¿Vamos?

No sé si entendió, pero pagó la cuenta, agarró la campera y me siguió hasta la esquina donde me abrazó apretándome contra su cuerpo grueso y fibroso. En el taxi me acarició el pelo y me metió el dedo abajo de los lentes para atajar una lágrima. Ahora miraba sin decir nada y sacaba veinte pesos para pagar mientras yo me bajaba con los zapatos en la mano y trataba de embocar la llave en la puerta del edificio.

Llamé un ascensor que demoraba más de lo tolerable. Fuimos por las escaleras en la oscuridad y nos besamos en todos los escalones. Para cuando llegamos al primer piso, las manos iban de acá para allá, mi vestido estorbaba arremangado hasta la cintura y a él se le caían penosamente unos pantalones que dejaban en evidencia toda su urgente virilidad. La hebilla del cinturón desprendido tintineaba en el oscuro pasillo que nos recibía agitados y calientes. Mi mano escarbaba la cartera hasta alcanzar otra vez el llavero y las suyas hacían idem en mi escote.

Mientras me abrazaba impaciente desde atrás, yo giraba la llave en la cerradura y eso era todo lo que se escuchaba además de mi respiración entrecortada de llanto o excitación. Un beso después, la puerta rechinó y cuando entramos se golpeó a nuestras espaldas. Ahí nos quedamos abrazados medio desvestidos, algo borrachos. A esas alturas mi cara era una llorosa mancha de rimmel y lápiz labial.

De repente nos quedamos ciegos y las luces y los gritos nos detonaron en la cara.

En el mismo instante en que se encendió la lámpara, aparecieron todos los ausentes posibles. Mi mamá, mi papá, mis hermanos, mis amigas de toda la vida, el jefe, los compañeros de trabajo, unos amigos de la familia, la cuñada de mi hermana, unas tías, y mis dos abuelitas; gritando todos a viva voz ¡¡Sorpresa!! mientras se caía al piso un horroroso cartel de “Feliz Cumpleaños, Malenita” pegado a las apuradas en la pared blanca mi monoambiente, junto a la cama deshecha y el silencio roto.