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A veces las relaciones están muy desgastadas y cualquier cosa puede detonar la inminente ruptura junio 15, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Cómo perder a un hombre, Historias con micros.
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La historia de cómo supe que no quería estar más con mi ex.

After the party - Andy Warhol

El sábado en que festejé mi cumpleaños, tomó bastante y comió una camionada de golosinas, chizitos, sanguchitos, pizza, salchichitas y todas esas cosas que suelen haber en las fiestas. Cuando todos los invitados se fueron se quedó dormido. Al rato decidió irse. Se despidió tiernamente con un piquito en la puerta. Cuando me sonrió vi que tenía un orégano entre los dientes.

Al día siguiente yo tenía que internarme a estudiar porque rendía ese lunes, pero igual me llamó para decirme que estaba muy enfermo, que por favor fuera a visitarlo porque le dolía muchísimo la cabeza y la panza, y necesitaba verme aunque fuera un rato.

Así fue como me apiadé y a las siete de la tarde tomé el colectivo que una hora después me depositaría en casa de mi chico. En el viaje iba tratando de estudiar, cosa que no es nada fácil de hacer en el micro: las rayas de resaltador me salían chuecas, perdía el hilo de la lectura y tuve que darle el asiento a una viejita.

Finalmente llegué a la casa del enfermo. Esperaba prepararle un cachamai, hacerlo sentir bien. Esas horas de estudio que estaba perdiendo verdaderamente valían la pena.

Toqué el timbre. Me abrió la puerta.

Tenía la barba crecida y un insoportable aliento a alcohol digerido.

Supe que no quería ser más su novia cuando sonrió tratando de darme un beso, y vi que todavía tenía el orégano entre los dientes.

No hables con extraños junio 3, 2010

Posted by Malena Ferrini in Historias con micros, Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Seguridad personal.
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Para Caro, que odia viajar en colectivo y también para Pily, que ya conoce la historia.

Fines de mayo de 2008 – 13.15 hs . Plena Ciudad . Hora Pico. Viajando en un micro de la línea 8

Cuando volvía del trabajo vi una cara familiar en el micro. El dueño de la cara familiar me saludó con una sonrisa y yo se la devolví por cortesía.

Mucho rato después, casualmente, se desocupó el asiento al lado de este ejemplar, así que me senté mientras le decía.

-Hola ¿Te conozco?

A lo que respondió notablemente emocionado:

-¡Me conocés porque me has visto en el micro, al fin te puedo hablar!

Su respuesta me resulto divertida, se me escapó otra sonrisa.

-Hace como un año que quiero hablarte, te he visto subir al micro pero hacía mucho que no aparecías

Su respuesta me dio mucha aprensión. Busqué en la cartera mi aerosol de pimienta.

-Lo que pasa es que siempre te veo sonreir y pensé que eras turista, viste que los turistas siempre sonríen ¿No?

-…

-Pero después te vi otras veces y supe que eras del barrio.

En ese momento le saqué la traba al aerosol de pimienta, que ahora sostenía desesperadamente en mi bolsillo. ¡¿Un psicópata que sabía donde vivo… que estuvo espiándome por un año!!? Un torrente desenfrenado de ideas me inundó la mente.

Me dijo que yo había sido una inspiración para él…

Como me hizo gracia el comentario, se me escapó otra sonrisa. (Además por miedo a que me quiera secuestrar quebrarme las piernas y torturarme si no festejaba sus confesiones)

Que me habia escrito una canción con ese nombre: Inspiración

-¿Una canción? ¡¡¡jajajaja!!!

Había escuchado a verseros pero nunca algo así de delirante. Pensándolo bien, era un muchachito de unos 19 años, más bajito que yo, tal vez era un loquito bueno.

-Sí, yo toco el piano y escribo canciones… Entre otras cosas, porque estudio para profesor de educación física, y también estoy en la carrera de conservación de la naturaleza.

Parecía una charla pintada por Dalí: Esa canción era de hecho un tango.

Empecé a mirarlo con otros ojos, soy más alta que él y tengo un aerosol de pimienta. Este se hace el loco y yo lo emboco por pelotudo.

-Lo escribí la primera vez que te vi, es así:

La fatalidad fue inexorable: Se puso a cantarme el bendito tango ahí mismo, en el micro.

Yo estaba de todos los colores del arcoiris, una mezcla extraña de terror, ternura, indiferencia, vergüenza, incredulidad, ganas de llorar y una risa incontenible. Los otros pasajeros miraban de reojo con cara de desconcierto o gracia.

¡¡Como se va a poner a cantarme un tango en el micro!! Decía algo así.

Dientes de marfil, sonreias y te movías de 104 maneras diferentes.

En eso, hizo una pausa, y a mí me sonó el celular. ¡¡Cómo no contarle a mi amiga Kanky que en ese instante me estaban cantando un tango en el micro!!! Pero no pude, porque ella estaba muy apurada.

El extraño compadrito me hizo una seña apenas corté.

-Esperate que falta otra parte.

Reanudó su cantar porque era muy largo el tango.

Creo que nunca tuve tanta vergüenza, terror, y risa a la vez. Pero tuve que contenerme por si era psicópata. Menos mal que tenía linda voz y era afinado.

Cuando al fin se detuvo, dijo algo que me asustó mucho pero mucho más.

-Antes andaba con la letra de tu canción por todas partes para dártela el dia que te encontrara. Pero ahora no la tengo, te doy mi número de teléfono así me llamas y nos juntamos para que te de tu canción.

-…

-Bueno chau, ha sido un gran gusto. Andá que te bajas en la que viene.

Basta, che, sigo con risa, vergüenza y miedo… pero que genial historia para bloggearla ¿no?

Créditos: Imagen tomada de http://www.zonalibre.org/…/archives/074622.html

Los dos mayores tiranos del mundo son la casualidad y el tiempo (Johann Herder) abril 6, 2010

Posted by Malena Ferrini in Historias con micros, Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista.
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Tres días después, otra vez escalaba los peldaños del mamotreto Cata que tenía que devolverme a mi ciudad.

Una mano me saludaba entre los asientos de atrás. Aquella mueca encantadora, los ojos verdes y la mochila llena de mundo descansaban apacibles en la butaca mientras alrededor de mi asiento (varias filas más adelante) el equipo femenino de handball festejaba el trofeo.

Apenas salió el bus me alejé de la vorágine deportiva, me puse los auriculares y traté de calmar mi mundillo interior. Entonces el viajero de los ojos verdes se asomó desde su asiento con un comentario para romper el hielo. Parece que esta vez sí tenía ganas de charlar. Y charlamos.

Charlamos tanto que hasta se callaron las deportistas y nosotros seguimos hablando.

Después de la aduana me corrrí al asiento de la ventanilla para ver mejor la luna o el Aconcagua. No tardó demasiado en venir a mi lado. Al rato trató de decir algo, pero se desconcentró y terminó dándome un beso. Y otro y otro y otros más.

Hasta que nos quedamos dormidos abrazados o el Cóndor horroroso anunció que estábamos llegando a destino… dos horas antes de lo previsto.

La despedida en la terminal fue quizás un déjà véçu que él notó y yo no hubiera querido tener. Me dijo:

-No quisiera que esto fuera así de efímero, si no estás muy cansada podríamos vernos hoy cuando salgas del trabajo.

¿Efímero? No sé si era el sueño, el embotamiento por el viaje o los ojos verdes clavados en mí. En un estado de completa acefalía y tras varias torpezas de esas que sólo yo  sé hacer le di mi número y un último beso que me quedó en la boca muchos días.

Nunca me llamó y de alguna forma eso es hermoso. La casualidad nos puso ahí y nos arrancó de ese momento antes de tiempo. Queda un recuerdo dulce de aquel abrazo fugaz que duró lo que se demoró el chofer en manejar desde allá hasta acá.

A veces se me ocurre pensar que al pobre lo desvalijaron en la terminal, que perdió mi número y por eso no me llamó. Que no sabía mi apellido y no tuvo manera de encontrarme. A veces me tienta la idea de buscarlo. Pero quizás sea mejor que no. Porque lo más probable es que haya seguido tranquilamente con su viaje y simplemente se le hayan ido las ganas de volver a verme.

Gracias, viajero de ojos verdes, por devolverme esta canción que no escuché en mucho tiempo por miedo a la tristeza. Hoy me arrebata de placer.

Un hombre es sólo un hombre, no debería ser un problema iniciar una charla abril 4, 2010

Posted by Malena Ferrini in Historias con micros, Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista.
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Era la hora de subir, estábamos todos haciendo cola con los pasajes en la mano. Justo adelante mío, un hombre hermoso de increíbles ojos verdes esperaba con su mochila llena de mundo colgada en uno de los hombros.

Nadie había venido a despedirlo, miraba el vacío en silencio y esperaba plácidamente mientras una vieja zigzagueba y se le colaba para subir primero al ómnibus.

-Tiene apuro la señora- le dije para romper el hielo. Pero no dio ningún resultado.

Subió él. Subí yo. Me tocó sentarme al lado de una monjita.

Cuando paramos se fue lejos. Nos cruzamos un segundo en la escalera y me cedió el paso mientras sonreía con una mueca encantadora. No nos revisaron el bolso, pero en el mesón estábamos tan cerca que casi olía su perfume.

Lo miré tanto que me quedaron los ojos largos. Leyó, durmió, miró por la ventanilla y volvió a dormir hasta que llegamos a destino, casi dos horas después de lo indicado en el boleto. En todo ese tiempo no cruzamos ni una palabra.

Bajé las escaleras de la estación de subte con una sensación rara y un fin de semana largo por delante. Escuché esta canción por primera vez durante ese viaje en metro.

Me lo dijo un amigo.