jump to navigation

Enajenación Ungestalt, ejercicio de evasión noviembre 2, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ocio y viajes, Oníricos.
Tags:
4 comments

No Yo en un No Lugar

Me había olvidado: A veces cuando estoy acostada en la oscuridad y me siento sola o triste,  o simplemente no puedo dormir, me dedico a “ver” con los ojos cerrados.

Aprieto la cara contra la almohada, y aparecen laberintos fluorescentes, primero están constituidos de líneas sinuosas y brillantes, después se tornan geométricos.

Luego hay puntos de colores que crecen hasta convertirse en círculos infinitos. Las líneas ondulantes de los laberintos cobran una velocidad inesperada, y un vértigo atroz se apodera de mi cuerpo entre las sábanas. Estoy suspendida en el espacio. Estoy despierta, pero lejos de mi cuerpo. Veo, como una masa inerte, pero no siento, no soy, sólo estoy entre las manchas de colores. Volando, cayendo.

La respiración es suave y acompasada. Los ruidos externos, lejanos en este mundo paralelo, deforman las visiones, las pulverizan, las hacen estallar o las revientan como pompas de jabón que giran formando espirales hasta que se disuelven en una masa informe de colores que vuelven a unirse en círculos concéntricos fluorescentes y temblorosos iguales a los primeros laberintos.

Más tarde giro sobre mi cuerpo. Siento ya el pulso de mis huesos, mi carne y mis venas. Siento un latir en mi cuello o en el pecho que mueve indefinidamente mis senos, cuyo ritmo puedo controlar con la respiración.

Abro los ojos. Veo en la oscuridad con mis pupilas dilatadas. Veo la habitación donde estoy. Pero floto entre partículas coloridas y luminosas. Una vez, cuando era chica, las soplé y me dí cuenta de que podían volarse con mi aliento.

Miro entonces los puntos de colores, que a veces son menos y a veces más. Y se hacen una niebla espesa que me ciega por segundos. Se mezclan, Viajan de un lado a otro de la habitación. Puedo mover los ojos para abarcar más de este paisaje secreto que es mi constructo.

Les juro que no sé como ni por qué; sin necesidad de consumir químicos, sin complejos ejercicios. No lo sé y no me importa. Es tan bella la sensación que sólo me dejo caer en ella cada tanto… la reservo para no volverme adicta.

Anuncios

El consumo de lo falso agosto 24, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Oníricos, Tips de ahorro.
Tags:
8 comments

Reconocí una mujer que se compró unas tetas. Un pibe que compró unos amigos. Un hombre que se compró un amor. Una rubia que comía pico dulce y se compró un sponsor. Un poeta que se compró un trago y desapareció como un ninja.

Ahora todo nos entra por los ojos, nos atrae nos aburre, nos hace felices y nos despoja. Es una vida artificial que nos ensucia de a poco, nos deja las plazas llenas de mugre, las calles llenas de besos y preservativos usados tirados por ahí.

Hay un dejo de obscenidad en abrir la billetera para comprar insatisfacciones, envases vacíos que van a parar a la basura, momentos que se acaban o no existieron y tragos que son vómito y resaca. Ropa sin ocasiones, ocasiones sin ropa. Ser, parecer, perecer y pronto.

Tenés que ser linda y te tiene que ir bien. Todas las cosas son efímeras. Todas las historias son falsas, pero la gente es un poco de verdad, las emociones también.

Tango acá el cartón de un Toblerone que no sirvió de consuelo. También un mundito feliz donde sueño que explotan globos de helio con forma de elefante, donde los que me aprecian me quieren y los que me quieren me aman. Donde no lloro tanto y no hay espacio, tiempo ni distancia. Donde somos lo que parecemos. Un lugar donde me importa un comino lo que corresponde, donde se puede sonreir y llorar al mismo tiempo. Donde te puedo decir que te quiero sin bajar la mirada.

Siento besos desde lejos, palabras discípulas que me inflan como un sapo, caricias de madres, abrazos de amigos, sonrisas de niños.

Cuesta escapar a los tirones de la obscenidad de este mundo material. A veces pienso en abrir también yo la billetera roja y comprar pasajes y viajar, para saciar este espíritu, comprar corpiños con relleno, comprar fiestas, comprar compañías, comprar chupetines, comprar lápiz de labios, comprar mojitos… comprar para embelesarme, aburrirme, ser infeliz y vaciarme.

Update: Ya arreglé el link que estaba roto. Vean el video, les juro que vale la pena.

Cómo desaparecer completamente julio 15, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Oníricos.
Tags:
3 comments

Me fui. Me escapaba corriendo de un monstruo atroz y negro que no dejó de morderme las piernas mientras corría y corría escuchando sus ladridos en la oscuridad. Cerraba los pulmones mojados de llanto, y sin poder suspirar me agitaba llena de noches insomnes. Dejando esputos y lágrimas en un pañuelo de papel arrugado. Atravesando el pavimento oscuro de esos mil kilómetros que tantas veces recorrí de atrás para adelante y de adelante para atrás.

Me fui huyendo y llegué a ninguna parte. Apareció otra vez para atragantarme de miedo cuando encontré sus garras en una esquina y supe que nunca, jamás dejaría de perseguirme. Lo miré a los ojos escarnecida, le grité que me deje en paz hasta quedarme muda, pero siguió perforándome desde los adoquines, los bandoneones y la garúa que taladraba la noche o la mañana gris.

Ahí estaba, con sus fauces abiertas esperando arrancarme de mí cuando decidí enfrentarlo.

No te tengo miedo. Dije en voz alta adentrándome en las calles negras, impregnadas de besos viejos de olores fétidos, de gente sin casa. Yo soy más fuerte que esto.

Lo miré de nuevo a los ojos a pesar del miedo y todo lo demás. Supo que yo no iba a dar ni un paso atrás, y mientras guardaba sus lenguas de hielo y giraba sobre sí con la cola entre las piernas lo supe.

A partir de hoy no necesito correr más. Ahora voy a volar.

Mejor esperar el alta médica antes de abandonar el tratamiento mayo 18, 2010

Posted by Malena Ferrini in Oníricos, Salud y prevención, Sana y salva.
Tags:
5 comments

Debería haber ido a la última consulta con el doctor A. pero no fui. Ahora que cambió el clima me duele otra vez y empiezo a pensar que tendría que haber sido un poco más responsable con mi salud.

E Dr. A. fue el traumatólogo que me atendió cuando me quebré. Un hombre encantador, fragante, amable y otra vez encantador. Ir a su consultorio era todo un evento en medio de aquellas tumultuosas vacaciones. La curvilínea secretaria con sus tacos aguja y su excelente cabellera negra me decía El doctor está operando. Yo esperaba paciente, al rato él sostenía mi codo con cuidado para no hacerme doler. Después miraba las radiografías con amor hipocrático.

Cuando terminé la fisioterapia, saqué la orden para ir a la última visita, pero nunca pedí el turno porque esa misma noche tuve un sueño terrible:

Iba a verlo. Como siempre estaba la secretaria con su pelo planchado. El doctor me decía gravemente que no estaba bien, que me tenían que operar. Entonces me daban una bata horrenda y me llevaban por los pasillos de la clínica en camilla hasta una sala de operaciones en la que me dormía mirándolo tan elegante con su barbijo y su sombrerito blanco.

Cuando me despertaba, me encontraba vendada como una momia. El doctor ya estaba de impoluto guardapolvo al lado mío y la desenrollaba con suavidad descubriendo mi piel, mirándome con ese interés que ponía siempre en las radiografías. Hasta que llegaba desenrollando a la altura de mi pecho y aparecían dos tetotas enormes bajo las gasas. Yo me las tocaba sin entender, escuchando el skweaky que hacen los globos cuando rozan unos contra otros. Entonces con los ojos inyectados de llanto le decía:

-¡¡Pero doctor, si yo estaba mal del codo!!

Y el doctor sonreía de costado contestando:

-Ahora ya estas perfecta… ya puedo invitarte a salir.