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Miedo escatológico septiembre 25, 2014

Posted by Malena Ferrini in Salud y prevención, Temas familiares.
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Me pasé el fin de semana pasado muy asustada.

El jueves me llama mi mamá para pedirme que acompañe a mi abuela a hacerse un estudio. “El médico piensa que es un tumor”.

Me muero. Si a mi abuela le pasa algo, simplemente me muero.

El viernes nos hacemos tremendo madrugón, vamos al estudio con la abuela. Nadie dice nada. Después nos tomamos flor de desayuno juntas. La pasamos bien. Le doy un beso, un abrazo y me voy al trabajo.

El sábado vegeto en pánico, tristeza y bronca.

El domingo me agarra la loca y tiro a la basura todas las cosas de mi ex. Todo lo que no quiero, no sirve o no me gusta sale despedido en una bolsa negra. Mi vieja y hermanan me ayudan con abnegación.

El lunes, después de varias horas de agonía me llega un mail con el informe radiológico: normal, bien. Todo fantástico. Han detectado el problema.

Meteorismo intestinal.

O sea pedos.

O sea, saquemos algo en limpio.

O sea, acabo de pasar un fin de semana como el orto, al pedo.

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Untermensch* junio 28, 2012

Posted by Malena Ferrini in Dietas y actividad física.
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Lo peor de la secundaria fue sin dudas gimnasia.

No importaba el frío que hiciera, lo primero que había que hacer era sacarse la campera. Después la profe nos tomaba lista (obvio, ella se dejaba el gamulán) y nos mandaba a correr o saltar la soga. Ojalá entrábamos en calor.

Formábamos una filita una al lado de la otra. Enfrente estaban las mejores, decidiendo con quién valía la pena jugar, se elegían entre ellas al principio. Les tocábamos en suerte al final.

No importa cuál fuera la actividad, no podíamos usar anteojos. Había que jugar bien o soportar las puteadas la ira del equipo. Y había que hacerlo frente a la horda de espectadores que asistieran al escandaloso show de la reina del curso y su calza hundida hasta el fondo en la raya del poto.

Siempre al final del trimestre venían las dichosas pruebas. Saltar y alcanzar, caminar en cuatro patas y otras más crueles. La nota se medía en centímetros, cantidad de repeticiones, pelotas encestadas o vueltas a la cancha. Como las notas se calculaban en base al promedio del grupo, le pedíamos a la gimnasta del curso que por favor no haga tantas repeticiones, pero la minita esta hacía 2000 abdominales por día, y en LA materia que se podía lucir, se lucía.

Entonces al día siguiente siempre había un desgarro vendado, olor a mentisán o un incisivo dolor en la ciática.

Era triste y frustrante. No sé si pensar que era injusto.

Me pregunto si alguien se habrá sentido así cursando cualquier otra materia del secundario.

Me pregunto, qué trataba de enseñarnos esa profesora.

*Término nazi para referirse a las “personas inferiores”. Fuente.

El síndrome de fin de año* diciembre 1, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Carrera y finanzas, En Sociedad, Ocio y viajes, Salud y prevención, Temas familiares.
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Empieza diciembre y lo siento en la atmósfera. Hé aquí el fin de año con su stress y sus obligaciones.

Los que estudian se angustian persiguiendo a los que dan clases. Consultas, clases de recuperación, entregas, globales, finales y copiosas planillas de regularidades. Los que hicieron la plancha en el año apuran el tranco para cerrar el ciclo más o menos en orden. Los que tienen empresa (y a veces también los que no) entran en una época de balance donde todo trabajo requiere ser completado antes de fin de año. Antes del vacío de enero, el único momento del año que nos dejan para salir de vacaciones a precios exorbitantes de temporada alta.

Mientras tanto sube la temperatura. El calor nos sorprende y genera un malhumor generalizado que amalgama muy bien con el stress de la época. El aire acondicionado taladrando helado en la espalda. La garganta tomada, la tortícolis. Afuera el colectivo lleno y otra vez treinta y dos grados. Desabrigarte. Encontrarte los rollos y pensar que con el cansancio acumulado del año ya es mucho pedir caminar dos cuadras hasta el chino para comprar algo sano de comer. Imposible empezar una dieta entre tantos brindis, cenas de egresados,  agasajos de fin de año y todas esas obligaciones sociales de trasnoche que nos dejan más rotos de lo que ya estamos.

El sólo pensar en la plata que tenemos por gastar nos parte la cabeza. Los comerciantes están bien avispados y ya vienen subiendo los precios hace un rato. Ver aparecer mágicamente en la cuenta del banco el glorioso aguinaldo, verlo también escapar como arena entre los dedos. Que los regalos, que la comida orgiástica y trabajosa, que los cuetes, que el champán. Armaremos un horrendo pino de plástico que junte tierra. Que con quién pasás las fiestas. Todavía no sé, seguramente haciendo fuerza para sonreír y llenándome la boca de porquerías engordantes. Aguantando el sopor para brindar a las doce, justo antes de irme a la cama.

Odio la feliz navidad vacía y consumista. Detesto el próspero año nuevo ineludible y artificial.

¿Cómo se hace para cambiar eso?

*Acá encontré unos consejos medio chotos para superarlo.

Las consecuencias de tomar sol sin protección octubre 7, 2010

Posted by Malena Ferrini in Consejos de belleza, Salud y prevención.
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Esta es una historia real. Los nombres de sus protagonistas han sido cambiados para preservar sus identidades.

A estas alturas del año estamos casi todas de color blanquísimo tipo tubo fluorescente, será por eso que cuando la vimos en la clase presencial de este mes, su bronceado caribeño no pasó desapercibido.

Le preguntamos a Connie cuál es su secreto y nos contó que con los primeros soles de agosto ya se echa toda la siesta en el jardín cuan lagarto, untada con aceite de bebé. Para tomar color lo antes posible, jamás usa nada que tenga FPS, y va alargando los tiempos de exposición a medida que se va curtiendo (OK, ella no dijo curtiendo, supongo que con lo cheta que es ni siquiera usa esa palabra, pero usted lector entiende…).

-Siempre hice eso, la palidez es lo menos. Te ves como un muerto cuando estás así toda blanca.

Torcí el labio mientras masticaba una frase sin decir nada. Gracias por lo que me queda a mí, cheta compañera, que soy tan pero tan blanca que ni siquiera logro un bronceado después de 15 días de crucero en Brasil. ¿Por qué no dijo esa frase en primera persona?

La miré sin entender. Me sentí un individuo de otra especie, observando con esmero su fruncido ceño de arruga indeleble, comprendí que su cara agreta no venía de su vinagrera interior, sino del sol quemándole la frente muchas de sus veinticinco primaveras.

-¿Y nunca se te dio por usar pantalla solar?

-Ah, sabés que me lo dicen todos. Las mujeres grandes sobre todo. Me dicen que voy a terminar arrugada como una pasa de uva si sigo así. Pero la verdad que no me importa para nada. Nunca usé ni voy a usar protector solar ¿Para qué quiero tener la piel linda a los cuarenta? No necesito eso. Eso se los dejo a las viejas gagá que andan de levante con esa edad. Yo ya me casé. Ya no me importa arrugarme.

Me quedé muda. En realidad mi pregunta tenía que ver con otras consecuencias de tomar sol sin protección.

Como por ejemplo el cáncer.

Si buscas algo el tiempo suficiente, pierde todo su significado (Andy Warhol) septiembre 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Salud y prevención.
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-No sabés qué embole, perdí las pastillas anticonceptivas. Un envase a nuevo, un bajón.

-Bueno, te comprás otro y listo.

-Sí ya sé, pero yo estaba emperrada con encontrarlo antes de terminar las pastillas placebo.

-¿Y lo encontraste?

-No, algo peor que eso.

-No te entiendo.

-Que al principio pensé que estaban con las cosas de belleza, pero no estaban ahí. Igual mientras buscaba tiré todo lo que estaba rancio, encontré un jabón exfoliante carísimo y volví a ponerme mi perfume de cuando era adolescente.

-¡Bien ahí!

-Después busqué en mi armario. Una cosa llevó a la otra y me deshice de toda la ropa que ya no uso. Desocupé cuatro cajones.

-No será mucho…

-… y tenía tres tejidos distintos a medio hacer. Una incomprensible bolsa de trapos, siete paquetes de mentitas, cartón gris, el cargador de un celular que me robaron hace cinco años y cosas aleatorias como diskettes o los souvenires de mi fiesta de 15. Tengo una bolsa de consorcio llena de cosas que no me sirven. Y mi cuaderno de poemas de cuando iba a la secundaria. Son pésimos.

-Jajaja… yo me acuerdo de eso, nos encantaban tus poemas.

-Tengo todo lleno de tierra y cajas, un horror. Parece que estuviera de mudanza.

-¡Poné los poemas en el blog!

-Vos estás del tomate. Además cuando termine de ordenar este desastre tengo que ponerme urgente a dibujar.

-¿Qué, por lo del curso ese que estás haciendo?

-No, porque también encontré mi vieja cartuchera. Tenía dos pinceles de marta, una goma pan, una goma retráctil, dos carbonillas, la barra de grafito, un plumín, cuatro lápices (6B, 5B, 4B y policromo blanco), dos tiralíneas de tamaños diferentes y otra goma Stadler, pero sin estrenar… Si eso no es una señal, no sé que es.

-No sé de qué me estas hablando, pero si vos decís que todo eso sirve…

-Sirve, y es más caro que cinco paquetes de pastillas. Algún día voy a subir un dibujo al blog.

-Subite un poema de los viejos. Te juro que te dejo un comment.

-Todo sea por un comment… ahí lo subo.

_______

Abril, 1999

Miéntanme una historia de sirenas
duérmanme una noche estrellada
drénenme un río de sangre

hiéranme

lacérenme el pecho
húndanse en mi carne de yodo y barro

mutílenme
golpéenme

llénenme de moras y asfalto
vacíenme de fuego y cobalto

estremézcanme
divídanme

muérdanme el cuerpo sin piedad
atraviésenme el alma sin maldad

rasgúñenme, invádanme, ocúpenme.

Lastímenme, mátenme.

Llórenme.

_____

Tenía 17 años. Ya ni sé qué sentido tiene este poema. A decir verdad ni siquiera me acuerdo el sentido de este post.

Hágase un PAP una vez al año septiembre 23, 2010

Posted by Malena Ferrini in Salud y prevención, Sana y salva.
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Hube de llegar al recinto a tiempo y con un poco de mal humor. Una secretaria caraculo dijo que tome asiento y leí revistas obsoletas. Había una camasolarada tipo uva pasa abanicándose con los análisis a pesar del frío polar acondicionado, y otra con boquita colagenada y una panzota enorme, llevando un elegantísimo marido en la mano casi como accesorio.

Finalmente mi apellido resonó y me levanté del asiento con una bola ácida en la boca del estómago. El hombre formal me saludó cordial y yo decidí estar incómoda como casi nunca.

Se ve que el pobre se dio cuenta de mi mala predisposición y trató de romper el hielo preguntando por mi abuela. Es que me vio nacer. Soy de la cuarta generación de mujeres de mi familia que ha tenido a su merced. Él es de la segunda generación de médicos (mi hermana ya pasó a la tercera pero me ha dicho que el hijo es lindísimo y eso nada más empeoraría las cosas).

Entonces me hizo pasar a la otra sala donde tiene la camilla. Me puse el guardapolvito rosado y me sorprendí pensando que esa es la única prenda rosada que he usado durante los últimos 15 años. Me acosté en la camilla y mientras él me tomaba la presión, le contestaba si había ido de cuerpo, cuantas materias me faltan para recibirme, cuándo fue mi último período y cómo anda mi hermana. ¿Por qué hace esas mezclas? Me pesó, me midió. ¿Para qué cuernos me mide una vez al año? Me hizo poner los piecitos en los estribos, la pelvis más acá, más acá, y metió la cabeza ahí entre medio cuan mecánico que levanta un capot.

Ahí estaba en el nudo dramático de mi visita al médico. Él introduciendo en mi pudenda humanidad el brazo mecánico de una retroexcavadora, abriendo los dientes metálicos de su herramienta, pelando con una mano un hisopo de treinta centímetros y hablándome del procedimiento con la cabeza asomando sobre mi rodilla.

-Esto va a molestar un poco.

Y yo con resignación tratando de relajarme para que no me duela, respirando hondo preocupada por qué cara tendría mi cholga y lo que el honorable médico pudiera encontrar en ella.

Después con la ropa puesta intentaba olvidar el cortoplazo haciendo alguna pregunta pintoresca sobre el auto examen de mamas. Mientras tanto su desdeñable caligrafía iba plasmándose en hojitas blancas que me entregó al final de la consulta… junto con el hisopo de treinta centímetros que debí acarrear doce cuadras hasta el laboratorio.

Finalmente todo salió bien, acá sigo entera y faltan 364 días para mi próximo PAP. Una vez al año es suficiente y necesaria, y aunque a veces suene a demasiado es una jodienda que bien vale la pena, porque sirve para agarrar las pestes a tiempo, para prevenir un cáncer, para velar por mi salud.

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No viene al caso pero tengo que decirlo: Qué barata la sacan los hombres… un dedo en el poto una vez al año a partir de los 40 o 50 no es nada comparado con todo esto… ¡¡Y aún así se quejan los muy cagones!!

Cómo saber que está sanando tu corazón roto septiembre 7, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Dialecto Femenino, Salud y prevención.
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Sos capaz de escucharte un disco entero de Radiohead sin siquiera pucherear. Es más, te da un poco de risa o ternura que el pobrecito de Thom piense que es un bicho que se arrastra.

Tenés una caja llena de chocolates y convidás más de lo que comés. Adiós al bienestar químico del cacao… ahora eso viene desde adentro.

No te pintás tanto, luce más la sonrisa que el delineador. Menos ojeras, más color en los cahetes, una genuina sonrisa y un brillo especial en el pelo recién lavado.

Te dan más ganas de leer RollingStone que Cosmopolitan. Sí. Querés más rocanrol y menos consejos boludos.

Ya no te hace mella quedarte en joggineta y pantuflas un sábado a la noche. No hay pensamientos que tapar con música a los gritos. La soledad no hace ruido y hasta se disfruta secretamente.

Te regalan tu golosina favorita y resistís sin problemas el impulso de engullirte hasta el último bocado. La vida está llena de cosas buenas. Un poquito de cada una todos los días.

Lo que te acomplejaba se va desdibujando de a poco. La torpeza, la grasa subcutánea y los ataques de hipo son algo irremediablemente cotidiano, pero natural y tolerable.

Tus amigas despechadas empiezan a acudir a vos para que les des ánimos. Quién mejor que un fénix re-encendido para prender puchos depresivos y repartir las Carilinas pertinentes.

Empezás a invertir plata, tiempo y esfuerzo tu propia persona o tus proyectos personales. Pero no porque algo de todo eso afecte el mundo exterior, sino porque aprendiste a amarte a premiarte y a perdonarte. Nada más porque vos lo valés, como diría don Loreal.

Cambia para bien tu sentido del humor. No, no es que te pasen más cosas graciosas… es que vos ves todo de otra manera.

Un buen día te levantás con ganas de hacer feliz a alguien. Y lo lográs sin ningún esfuerzo.

____

Nota:

Por cada rotura cardiaca hay aprendizajes y crecimiento, hay efecto residual, cicatrices y recaídas. Pero también hay gente muy hermosa dispuesta a quedarse ahí al lado. Gente que nos va a seguir queriendo siempre.

Aunque otra vez volvamos del kiosco con la cosmo bajo el brazo.

Una sustancia similar a los opioides, pero sin sus efectos negativos septiembre 5, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Entretenimientos, Ocio y viajes, Salud y prevención.
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Gracias por llevarme a rockear.

De pronto un inusable vestido asimétrico deja de parecer brillante como pista de aterrizaje. Tengo el pelo más corto y me olvidé todas las pinturas que iba a ponerme en la cara. Muestro sin pudor los tatuajes, o tal vez con un poco de inocencia. He salido con mis lentes puestos y después de algún tiempo otra vez me divierto de verdad. Fui una estrella con sus cinco minutos de brillo, pero el resplandor me ha quedado adentro y no puedo parar de bailar como si nadie mirara. Mi cara adelante de las luces azules está en una foto que no ha sido sacada.

Zapatos cómodos, noches cortas, mañanas lluviosas y despedidas abruptas. Otra vez no sé para qué lado hay que caminar. Y no me importa.

Qué parranda de miércoles.

Para conocer el nombre de la sustancia hacé clic acá.

Ahora quiero más.

Cómo actuar cuando alguien invade su espacio personal agosto 19, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Salud y prevención, Seguridad personal.
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Foto: Corbis

El otro día anduve de trámites, y durante una espera tediosa como la que toma cobrar un cheque de morondanga, un aterrador ser me atacó por la retaguardia mientras leía tranquilamente mi libro. Primero apareció su fétido aliento a café con leche. Está bien, todos acabamos de desayunar, pero… ¿A qué distancia empieza a sentirse el hedor de una boca? Sin más bastó cambiar de pie en el momento y avanzar diez centímetros huyendo.

Pero la bestia no habría de darse por vencida. Pronto clavó su revista en mí, y después apoyó el morral en ambas caderas a la vez (la mía y la suya) mientras asomaba su enorme nariz para chusmear la lectura que ocupaba mi atención. Cerré con fuerza el libro haciendo un sonido sordo con las tapas. Respiré con fuerza y volví a cambiar de pie. Me estaba ofuscando.

La señora que estaba antes que yo, me pidió que le guarde su lugar en el momento justo: pude retirarme un poco más, pero dejando algún espacio para tener margen de maniobra. Instantáneamente, el sopla nucas avanzó y le dijo a la maestra que esperaba atrás de él:

-¡La mujer de adelante ha dejado un bache en la cola!

Miré alrededor arrugando los labios, me pasé la mano por el pelo y me corrí para un costado: quedé con un pie en la base del soporte de la cinta. En menos de dos segundos el morral apareció otra vez a mi lado. Pensé.

A ver… señor defensor de las colas rectas y tupidas. Maldito inepto indecente. A que no sabe qué. Está invadiendo mi espacio personal. Alto inhalador de caspas, transgresor de la distancia zonal socialmente aceptada. ¿Por qué no deja de ser tan imbécil y se corre medio metro para atrás? Ojalá cuando le toque el turno se dé cuenta de que no ha traido el documento, y cuando vuelva a hacer la cola y se apropincue nuevamente, tenga adelante un karateka que le haga siete katas en la cara, y atrás uno igual de pelotudo que usted, pero con con ébola, para que lo contagie y le dé muerte lenta… La cajera me hizo una seña para que avance. Entonces giré la cabeza hacia él, y con la garganta llena de palabras soeces, le dije:

-¡Mi turno! Buenos días.

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¡¡Hay toda una ciencia sobre las colas y las esperas!! Acá está qué dicen los colólogos especialistas al respecto.

La actividad física y sus objetivos agosto 15, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Dietas y actividad física, Salud y prevención.
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La pucha que hace frío y yo yendo al gimnasio. Hay que tener ganas de pagar para ponerse a sudar un día como este.

-Hola, ¿Es tu primera clase?

-Sí.

-Bueno. Primero es fundamental llenar la planilla. Peso, altura, enfermedades preexistentes, medicación permanente, operaciones y objetivos.

-¿Objetivos?

-Sí, sería bueno que nos digas para qué venís al gimnasio.

Complicado… pensá fuerte Malena… Vengo porque me pongo triste y levantar estos fierros me saca la mala cara. Porque todo el día atrás del monitor me mata la espalda, me da tortícolis, ataque de ciática, síndrome del túnel carpiano, várices y celulitis. Porque mi trabajo es de cerebro, entonces un día es fácil olvidar que hay también hay un cuerpo que reclama su propia atención. Porque quiero las endorfinas, pero sin las complicaciones que traen las otra maneras de obtenerlas.

Mi madre me dijo hacé algo que te estás ensanchando. También me dijo medio en chiste que vaya al club de los médicos a ver si engancho uno, pero la verdad, no estoy con ganas de hacerme la femme fatal. A buscar tipos definitivamente no vengo. No estaría acá en un multiespacio de minas, ni me hubiera puesto esta joggineta desteñida. Nada más quiero correr en la cinta y no perder nunca más el micro. Quiero darle un sentido a tanta calza archivada en el placar. Quiero que me salte el corazón, y que para variar me chorree agua salada de otro lugar que no sean los ojos. Descargar toda la mala vibra acá mismo. Acá y ahora.

Además desde que me rompí patinando no hice más nada. Cero actividad física. Eso sin contar que camino como treinta cuadras al día y a veces hasta las corro, pero no viene al caso ahora. A ver si puedo copiar algo decente del folleto…

-¿Y esto? ¿Plataformas vibratorias?

-Es para que adelgaces y llegues espléndida al verano.

Pero si estoy fantástica. Y si adelgazo me quedo sin tetas, así que definitivamente NO.

-A adelgazar definitivamente no vengo.-Le dije muy seria.

Escribí en el formulario “Mejorar la postura” y le pedí que empecemos de una buena vez.

Ya tuve mi primera clase y salí simplemente extasiada. Ahora quiero más.