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Tres tips para una perfecta cita fallida septiembre 28, 2014

Posted by Malena Ferrini in Consejos para hombres, Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Teorías refutables.
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No importa si no hay atracción física, si la charla es medio pelmazo o si alguno de los dos es un awkward incurable. Hay tres cosas que se pueden hacer para garantizar que al menos esa única cita (fallida) sea perfecta.

1. Hacer planes breves. Un café, un helado o una cerveza pueden resolverse en 15 minutos o 4 horas. Ideal para adecuar la duración del encuentro al nivel de amenidad de la compañía.

2. Estar presentes. Ahí y en ese momento. Ni antes, ni después. Apagar el celular. Hablar mirando a los ojos. Darle toda la atención al ser de carne y hueso que se tiene enfrente. Dialogar, intercambiar. Tal vez no haya tantas cosas en común como uno quisiera, pero coincidir en el espacio-tiempo es suficiente para encontrar un chiste o comentario frívolo para hacer.

3. Atravesar el silencio con dignidad. Mirar alrededor, sonreír un poco, tomar un sorbo de cerveza. Estar en calma mientras cruzamos el “no lugar” de desencuentro. Inexorablemente, algunos segundos después uno de los dos encuentra algo para decir.

En definitiva, sin importar cómo salgan las cosas, hemos tenido el privilegio de que otro ser humano nos dé parte de su tiempo y atención. Hemos conocido una persona, y a través de la experiencia, hemos aprendido un poco más sobre nosotros mismos.

Ya con eso solo, valió la pena el encuentro.

Si querés encontrarlo, dejá de buscarlo inmediatamente julio 31, 2011

Posted by Malena Ferrini in Cómo perder a un hombre, Ideas sexy para conocer hombres.
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Me invitó un trago y nos pusimos a charlar en la barra. A veces creo que sí hay hombres que valen la pena en los bares.  Le dije salgamos a fumar, pero los dos sabíamos que después era cuestión de tomar un taxi y todo lo demás.

Retiramos los abrigos del guardarropa y nos fuimos a la vereda con las camperas en las manos. Che no encuentro mi encendedor. Preocupada. ¿Te doy fuego? Contestó divertido. Mientras, revisaba los bolsillos mi jean desesperada. ¿No está? Usá el mío, me dijo. No, no… es que era el encendedor de mi abuelo. Voy a buscarlo adentro. Me miró con sus ojos verdísimos y se rascó su mentón afeitadísimo. Tranquila, vas a ver que lo vamos a encontrar.

En la puerta apareció un patova que antes no estaba. No podés pasar. Tenés que pagar entrada… No, ¡pero si yo estaba acá! decía mientras sacaba la billetera del bolsillo. Cincuenta pesos. Clin caja.

Punchi, luces estroboscópicas y un mundo de gente. Se me habrá caído cuando me senté en la banqueta… A ver, dijo agachándose. No veo nada. Quedó en cuatro patas mientras me mandaba a pedirle una linterna al cajero. ¿Ves algo? Es plateadito con un labrado… Nada. ¡Huy, no! ¡Pero tiene que estar, no puede ser! ¿Se habrá caído para el otro lado? ¿Vos no te fijarías? Gateando con la linterna en la boca cruzó la puertita de la barra. ¿No está? No. Bueno le pedimos al barman que si lo encuentra me lo guarde. Snif. Dale, ahí le pido.

Salimos del bar y yo lloraba. Él miraba con la boca chueca. Al final no nos tomamos la consumición. Ay es verdad, pero si queremos volver a entrar te van a volver a cobrar la entrada. Me puse mi abrigo y me prendí el cierre. Hacía un frío de morirse así que metí las manos en los bolsillos de  la campera para calentarme un poco.

¡Aca está! ¡Lo tenía en el bolsillo! Qué locos los encendedores fugitivos, ¿no? Igual gracias por ayudarme a buscar.

Menos mal que apareció, nos vemos, te llamo.

Vovió a pagar la entrada y se metió de nuevo al bar.

Ni siquiera me había pedido el teléfono.

No vas a conocer al amor de tu vida en el boliche enero 24, 2011

Posted by Malena Ferrini in Dialecto Femenino, Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Semiótica Viril.
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Dos semanas después de conocerlo, le mandé un sms.

“Hola Juan. Soy la chica del vestido magenta.”

Por primera vez en muchos meses, la respuesta masculina llegó instantáneamente.

“hola melena q lindo q apareciste”

Desconsiderado, no usó mayúsculas, escribió mal mi nombre, usó abreviaturas y se comió todos los signos de puntuación. Eso es apuro o desconsideración. No hay otra.

Al menos tuvo el buen tino de no pifiar la ortografía.

Pero tampoco dijo nada.

Bah, nada de nada, no. Le ha gustado que aparezca finalmente. Se ha acordado mi nombre. Sabe cuál es el color magenta.

¿¡Sabe cuál es el color magenta?!

Si no es diseñador, es gay.

Los hombres bien machos son como los monitores viejos: tienen una paleta cromática muy acotada.

Ja, vengo de fijarme en fu**ing wikipedia: los monitores CGA de los años 80 ya tenían 15 colores*. Entre ellos dos magentas diferentes.

O sea, quizás no sea gay después de todo.

Sin embargo no me invitó a salir…

Añoro aquellas doradas épocas en las que los hombres simplemente llamaban. No quisiera resignarme al text-flirting.

*Sí. Soy una nerd irremediable.

La soltera encantadora y los eventos sociales: La elección del acompañante noviembre 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Temas familiares.
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Mi prima tiene cinco años menos que yo y se casa el mes que viene. Va a hacer una flor de fiesta. Ha  invitado a toda la parentela imaginable y a la crema y nata de la alta sociedad.

El otro día, cuando vino a traerme la tarjeta, me preguntó si iba sola. No supe qué contestarle, ese no es un tema fácil.

En esta sociedad de morondanga, los solos somos parias. Las invitaciones para dos, las ofertas de 2 x 1, los precios de vacaciones en base doble, el estigma de que te lo señalen a cada rato y las horrendas dudas que tienen las viejas, que no saben si pensar que sos trola, harpía o enferma mental por no tener pareja.

La gente trata de encontrarme un novio. Aparecen primos, amigos solteros hasta abajo de las piedras y mi número de teléfono cae en manos de espejertos diversos. La hermana de la madre del marido de mi hermana trata de engancharme con el hijo del proveedor del socio del marido, la colega me chumba un programmer y una alumna levanta la mano en clase para decirme que es un desperdicio que siendo tan hermosa no tenga un novio… que me va a presentar al hijo en cuanto tenga oportunidad.

Francamente puede ser una  tortura humillante.

Si voy sola, terminaré del brazo de un espejerto elegido por mi tía abuela o en la mesa de los niños.

Nada mejor que eso para una soltera de casi treinta: Ellos todavía no han aprendido los dictados de la normalidad. Basta jugar a la mancha, patear globos, comer caramelos, cantar, bailar todos juntos en una ronda, todos solos pero acompañados y felices. Hasta que los padres los vengan a buscar, y saluden amablemente (aunque suene como si dieran un pésame), diciendo ya te va a tocar casarte y tener hijitos mientras los gurrumines me llenan de besos untados de chocolate.

Pensándolo bien, no ando con ganas de escuchar ningún pésame. Voy a llamar a Juan para salir un par de veces más con él así tengo con quién ir al casamiento.

Así parezco normal mientras brindo con champán en lugar de comer caramelos y limpiar mocos de críos ajenos.

La primera impresión es la que cuenta noviembre 24, 2010

Posted by Malena Ferrini in Entretenimientos, Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista.
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De cómo conocí al galán sin apellido.

Fue un viernes en Gutiérrez. La noche no podía ir peor: durante una eterna y horrenda tanda de reggaetón, mi amiga había enganchado un espejerto y al parecer nada iba rescatarme del hastío; hasta que en una extrañísima transición típica de DJ mediocre, pasamos de dame candela a hey ho, let’s go.

Dejé lo que quedaba de mis hielos en la barra y me fui al medio de la pista a detonar en solitario. Debió haber sido algo raro de ver, porque justo esa noche tenía puesto un vestidito rosado con apliques de flores y me había dejado los anteojos puestos. Pasó wanna rock and roll all night, y con highway to hell llegó él. Estaba impecable con su pelito largo, tenía una camisa Levi’s a cuadritos con dos botones desprendidos. Un lindo cuerpo, una linda cara, una voz profunda y un tono insolente. Eran las cuatro y media de la mañana.

-Sacáte esos lentes.

-…

-Mirame. Quiero ver esos ojos que tenés.

-…

A mí no me importaba ni medio. Bailaba nada más y él hacía lo suyo por ahí cerca mientras mi amiga me llamaba con la mano desde un costado. El espejerto la había abandonado y estaba lista para volver a casa.

-Linda, tomemos un trago ¿Dale?

-No puedo. me estoy yendo.

-Quedate conmigo, te llevo adonde quieras en mi auto -dijo mientras me abrazaba impregnándome de Carolina Herrera.

-No, no puedo- le contesté convertida en un ser amorfo y baboso.

-¿Me das tu teléfono?

-Mejor que no.

-Bueno, agendá el mío… estoy seguro de que me vas a llamar -sonreía con encanto cínico mientras yo tecleaba agregar nuevo contacto sin pensar demasiado- es el 555-9876.

-A todo esto no sé cómo agendarte, no tenés nombre.

-Me llamo Juan, ¿y vos?

-Malena.

Mientras el tipo tarareaba el tango ese (parece que tengo algo con los frikis tarareadores de tango), los parlantes vomitaban fritanga y oh sweet child o’ mine.

-¿Juan cuánto te llamás? Tengo como siete juanes agendados.

-Pero yo soy el mejor de todos -contestó mientras me daba un beso en la comisura de los labios.- Nos vemos en la semana.

Otro Juan. Queloparió. De todos los nombres del mundo, justo Juan tenía que llamarse; y ni siquiera se dignó a darme el apellido… Mala fariña.

Cómo sobrellevar dignamente el vigésimonoveno cumpleaños octubre 19, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Ideas sexy para conocer hombres, Temas familiares.
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Qué depresión llegar a la edad en que las viejas pelotudas del barrio empiezan a preguntarte para cuándo los confites. La vida es jodida y cuando llegás al futuro te das cuenta de que todo lo que te imaginabas es una bendita farsa sociológica.

Me levanté como todas las mañanas, tarde y a las apuradas. Dejé sin tomar el café recién hecho y trepé como pude a un colectivo lleno de gente. En la oficina me esperaba una pila de trabajo. Ahora sí, café como ácido muriático, facturas de pastelera y mil calorías cada una. Almuerzo solitario en la plaza con cacas de perros y una tarde larga y gris frente a la compu con dos mensajes de texto: Movistar duplicate y mi colega preguntándome si la cafetera quedó apagada.

A la salida de la oficina me fui para el bar donde siempre nos juntamos para los cumpleaños de todos. Me llamó la atención llegar y no encontrar a nadie, pero igual me pedí un trago. Cualquier cosa con tal de no volver a mi monoambiente de silencio total, cama deshecha y pared blanca.

El primer trago me pareció dulzón. Sentada sola en la barra sentía algo como el glamour cosmopolita de una chica Bond. Sobre todo cuando se acercó un turistito irlandés blanquísimo y pelado como un huevo duro y me pidió fuego. Lástima que no fumo, pensé mientras él me compraba un Martini o dos.

Poco tiempo después estaba muerta de risa. Pero de una risa negra y pegajosa de petróleo o alquitrán. Al turista no le entendía un soto, pero me apoyaba la mano en la cintura, sonreía y hablaba, hablaba sin parar en español imposible, pésimo inglés y dialecto desconocido. Llegué a la aceituna del fondo con el último sorbo y antes de poder escupir el carozo el beso irlandés me impregnó el paladar.

-¿Vamos?

No sé si entendió, pero pagó la cuenta, agarró la campera y me siguió hasta la esquina donde me abrazó apretándome contra su cuerpo grueso y fibroso. En el taxi me acarició el pelo y me metió el dedo abajo de los lentes para atajar una lágrima. Ahora miraba sin decir nada y sacaba veinte pesos para pagar mientras yo me bajaba con los zapatos en la mano y trataba de embocar la llave en la puerta del edificio.

Llamé un ascensor que demoraba más de lo tolerable. Fuimos por las escaleras en la oscuridad y nos besamos en todos los escalones. Para cuando llegamos al primer piso, las manos iban de acá para allá, mi vestido estorbaba arremangado hasta la cintura y a él se le caían penosamente unos pantalones que dejaban en evidencia toda su urgente virilidad. La hebilla del cinturón desprendido tintineaba en el oscuro pasillo que nos recibía agitados y calientes. Mi mano escarbaba la cartera hasta alcanzar otra vez el llavero y las suyas hacían idem en mi escote.

Mientras me abrazaba impaciente desde atrás, yo giraba la llave en la cerradura y eso era todo lo que se escuchaba además de mi respiración entrecortada de llanto o excitación. Un beso después, la puerta rechinó y cuando entramos se golpeó a nuestras espaldas. Ahí nos quedamos abrazados medio desvestidos, algo borrachos. A esas alturas mi cara era una llorosa mancha de rimmel y lápiz labial.

De repente nos quedamos ciegos y las luces y los gritos nos detonaron en la cara.

En el mismo instante en que se encendió la lámpara, aparecieron todos los ausentes posibles. Mi mamá, mi papá, mis hermanos, mis amigas de toda la vida, el jefe, los compañeros de trabajo, unos amigos de la familia, la cuñada de mi hermana, unas tías, y mis dos abuelitas; gritando todos a viva voz ¡¡Sorpresa!! mientras se caía al piso un horroroso cartel de “Feliz Cumpleaños, Malenita” pegado a las apuradas en la pared blanca mi monoambiente, junto a la cama deshecha y el silencio roto.

20 razones para querer levantarse un guía de montaña (o algún deporte aventura similar) octubre 4, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista, Taxonomías masculinas.
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Con ustedes, Romina.

1. Están en buen estado físico.
Esta es la razón obvia: son deportistas, es evidente que el 95% va a tener buen lomo (y el otro 5% son los que manejan la combi). Por lo menos, van a ser fibrositos.

2. Saben arreglárselas con poco.
No vamos a decir que no te van a apreciar una buena cena de alta cocina a la luz de las velas, pero vamos, el flaco está acostumbrado a dormir a la intemperie y comer lo que se pudo chamuscar en un fogoncito (y por gusto). Como mínimo tiene que se adpatable. En la mala va a poder compartirte hasta un paty hecho con un encendedor.

3. Tienen tonada.
Cuando te encontrás con un guía, estás de turista. Si estás de turista, es porque sos de otro lado. Y a mí el cantito me puede.

4. Son más bien chetos, pero bien.
Convengamos que el pibe un poco de torta tiene que tener, o por lo menos un buen sponsor. Entre ropa, calzado, bolsa de dormir, carpa, mochila y cualquier equipo extra que requiera su deporte, alguien tuvo que invertir un dinero. Pero es un tipo de cheto que no es coquetito tipo metrosexual, ni ostentoso (difícil ostentarle a cualquiera un mosquetón), ni le tiene miedo a ensuciarse o pisar bosta. No se gasta todo en un BlackBerry para llamar a su mamá ni en una 4×4 para andar por la ciudad; gasta en lo que precisa.

5. Son ecologistas.
No es que a mí me preocupe la caza indiscriminada de ballenas, los pingüinos empetrolados, la selva de yungas en peligro o el bicho bolita que se está por extinguir. Pero seguro que la charla sobre la protección de la tierra y el medio ambiente va a ser más interesante que el “¿A qué te dedicás?” del bar promedio. Además, me encanta cuando un hombre me cuenta de algo interesante que yo desconozco, y yo de ecología no sé una chota.

6. Son amables.
Si trabajan en turismo, están acostumbrados a darte la mano para ayudarte, explicarte sin tratarte como idiota y fijarse que no te pierdas ni te caigas. Un caballero montañés.

7. No se amedrentan fácil con el aseo personal deficiente.
Si le gustaste en una excursión, es tuyo: te vio con ropa poco sentadora, despeinada, sudada, sin producción, un poco roñosa y probablemente en tu estado más torpe. No creo que se amedrente mucho si un día te ve sin depilar.

8. Aprecian un buen paisaje.
Disfrutan de un lugar sólo porque es lindo, sin necesidad de otra parafernalia. Ideal para que te lleve a tomar mate al culo del mundo a un lugar bellísimo que nadie conoce: cita mágica y gasolera, win-win. Para mí, especialmente ideal porque me gusta sacar miles de fotos (eso he notado que los desconcierta, pero no se oponen).

9. Son alternativos y tienen onda.
Esto no lo puedo explicar, pero tres cuartas partes de los guías que me he cruzado se lookean un poco: aritos, tatuajes, pelo largo o rastas, lentes de sol copados, ropa copada. Pero sin exagerarla. A qué se debe, quién sabe.

10. Son campechanos.
Sin hacerse los bananas, se conocen y saludan con la gente del campo y con todo el mundo en general. Además, se orientan en lugares que, para una porteña como yo, son sólo una bola de verde y marrón. Yo sólo me oriento en capital… igual que cualquier pelotudo con un mapa.

11. Son responsables.
Saben que las consecuencias de no hacer las cosas como corresponde pueden ser literalmente fatales. Eso no impide que se arriesguen más de la cuenta, y tampoco implica que vaya a extrapolar este conocimiento a otras áreas de su vida… pero el concepto está.

12. Siempre están bronceados.
No me digan que el bronceado no es un plus…

13. Están llenos de recursos.
Saben cómo sacar un auto empantanado, mover objetos de mucho peso, hacer nudos indestructibles, treparse a cualquier mierda y usar todos los pendorchitos de la Victorinox. Practiquísimo. A mí me cachondea.

14. Están siempre relajados.
Siempre parecen estar en comunidad con la naturaleza (es cierto que no trabajar en una oficina ayuda), lo que les da un aura de buen humor y paz interior que es super agradable.

15. Saben montones de cosas.
Recorriendo su terruño terminan aprendiendo de geografía, geología, botánica, zoología… Para alguien que sus conocimientos citadinos de fauna y flora se resumen en perro-gato-árbol-potus, es sexy.

16. Son resistentes.
Si pueden pasarse el día remando, caminando, corriendo cabalgando, nadando… imaginate toldo lo demás que podrán hacer durante horas.

17. Te cuidan.
Es altamente probable que se deba al miedo de que un turista los demande si se rompe una gamba, pero la cuestión es que siempre se fijan dónde pisás, qué estás haciendo y por donde estás yendo para que no te pase nada. Algo infrecuente en estos tiempos que corren.

18. Son machotes.
Tienden a grandes demostraciones de fortaleza del tipo cargarse cualquier cosa al hombro o empujar autos con un dedo. Es una ostentación típicamente masculina, pero mucho más hot que tener el record en el Need for Speed.

19. Suelen ser simpáticos y pacientes.
Como todos los que trabajan en atención al público, ¿no?

20. …
Qué sé yo, ¡están buenos! Son como los bomberos, su bomberidad ya les hace ganar media batalla (y ya tendré que escribir sobre las razones para levantarte un bombero…).

Así que ya saben, si tienen un guía de montaña por ahí, soltero y abandonado, mándenmelo que prometo mimárselos.

Consejos prácticos para chicas con iniciativa septiembre 9, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista.
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¿Ya le echaste el lente hace un buen rato? ¿Lo miras lanzando rayos mentales para convencerlo de que te invite a salir? Si estás en esa situación y sos demasiado hormigas en el orto como para esperar sentada que el individuo en cuestión tome la iniciativa… te propongo una guía de acción para nada infalible.

1. Obtené su atención

La idea es hacer un comentario al aire o a tu amiga, pero intencionalmente dejar que él escuche. Lo importante de este comentario es que tiene hacer que muera de intriga o sienta la obligación moral de responder.

Ejemplos:

-Che, Ro, ¿No te parece que es pésimo hacerles esto a las chicas justo en el día del amigo?

-Qué lindo que se viene el veranito, no puedo esperar para lucir mis tatuajes.

2. El ablande de salida

Tenés que hablarle de otras cosas como para que entre un poco en confianza. Cosas que lo hagan sentir importante, varonil, conocedor, o todas las anteriores a la vez. Ponele que sea medio gauchesco, le mandás un:

-Me han regalado un mate y no sé cómo curarlo.

3. Propiciá la invitación

Los tipos tienen miedo, pobres… muchas chicas dicen que no todo el tiempo. Ayudale a tomar coraje. Si agarra viaje, él ha tomado la iniciativa (o eso cree), si no agarra, vos tampoco la tomaste, je.

-Mis amigas son re ñoñas, nunca verían Transformers conmigo.

-Sabés, este jueves expongo mis fotos en la sala de arte Pirulo.

4. Agarrá lo que venga

Una vez que le declinás una invitacion se va haciendo más y más dificil que vengan otras. La idea no es que te comas un mojón haciendo algo que no te pinta en un día que no te conviene, sino que le digás que sí, y después acomodes mejor los detalles de la salida.

-Me encantaría, pero mejor si es el sábado porque el viernes curso.

-Sería genial ir al teatro, pero me pinta más ver Mengano que Fulano.

5. Dejalo pensando en vos hasta la próxima

Este es el más complicado de lograr en la medida justa. Depende de la situación, de la personalidad de los involucrados y del tipo de relacion en la que se proyecta cada quien. La idea es largar un comentario inocuo que a sus oidos haya sonado como una mini provocación.

-Desde que hago pilates soy mucho más flexible.

-Me encanta este perfume, me lo pongo siempre en todo el cuerpo.

6. Sé vos misma

Trilladísimo pero cierto. No digas cosas que normalmente no dirías. No aceptes todo como una boluda. No te amoldes a cosas que no van con tu estilo personal. Cada mujer es única y cada hombre es único. No sigas ejemplos de recetas pelotudas como esta. Seguí tu intuición y hacé caso a lo que te sale en el momento. Si te nace ortivarte de la peor manera porque te dejó plantada, pues lo hacés, porque esto no se trata de ser complacientes, no se trata de estrategias para ganar… sino de maneras de propiciar encuentros y buenos momentos.

7. No lo tomes demasiado a pecho

Por ahí te sale el tiro por la culata. El tipo se va corriendo de buenas a primeras y no entendés cómo ni por qué. No pienses que fallaste, es mejor entender que simplemente no se dio. Es así, a veces hay desencuentros, no hay que forzar tanto las cosas.

Tampoco nos vamos a cortar las venas porque un susodicho cualquiera no nos dé pelota… ¿O si?

Siempre hay alguien mirando septiembre 3, 2010

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Después de salir algunas veces, él me confesó:

-¿Sabés qué fue lo que me gustó de vos cuando te vi llegar al bar? Que entraste con tu amiga y antes de hacer nada te apoyaste en un costado de la barra, te sacaste el zapato… un borceguí, creo… te acomodaste la media y te lo volviste a poner otra vez, así como si nada. Me encantó tu desfachatez.

Me quedé horrorizada pensando que era verdad. Venía de caminar diez cuadras y la bota me había comido la media. Los pies me estaban matando.

-Ay soy un asco. No puedo creer que alguien se fijara en eso.

-¿Viste? Hay que tener cuidado. Siempre hay alguien mirando.

No hay con qué darle. Sobre gustos no hay nada escrito.

Cómo actuar cuando alguien invade su espacio personal agosto 19, 2010

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Foto: Corbis

El otro día anduve de trámites, y durante una espera tediosa como la que toma cobrar un cheque de morondanga, un aterrador ser me atacó por la retaguardia mientras leía tranquilamente mi libro. Primero apareció su fétido aliento a café con leche. Está bien, todos acabamos de desayunar, pero… ¿A qué distancia empieza a sentirse el hedor de una boca? Sin más bastó cambiar de pie en el momento y avanzar diez centímetros huyendo.

Pero la bestia no habría de darse por vencida. Pronto clavó su revista en mí, y después apoyó el morral en ambas caderas a la vez (la mía y la suya) mientras asomaba su enorme nariz para chusmear la lectura que ocupaba mi atención. Cerré con fuerza el libro haciendo un sonido sordo con las tapas. Respiré con fuerza y volví a cambiar de pie. Me estaba ofuscando.

La señora que estaba antes que yo, me pidió que le guarde su lugar en el momento justo: pude retirarme un poco más, pero dejando algún espacio para tener margen de maniobra. Instantáneamente, el sopla nucas avanzó y le dijo a la maestra que esperaba atrás de él:

-¡La mujer de adelante ha dejado un bache en la cola!

Miré alrededor arrugando los labios, me pasé la mano por el pelo y me corrí para un costado: quedé con un pie en la base del soporte de la cinta. En menos de dos segundos el morral apareció otra vez a mi lado. Pensé.

A ver… señor defensor de las colas rectas y tupidas. Maldito inepto indecente. A que no sabe qué. Está invadiendo mi espacio personal. Alto inhalador de caspas, transgresor de la distancia zonal socialmente aceptada. ¿Por qué no deja de ser tan imbécil y se corre medio metro para atrás? Ojalá cuando le toque el turno se dé cuenta de que no ha traido el documento, y cuando vuelva a hacer la cola y se apropincue nuevamente, tenga adelante un karateka que le haga siete katas en la cara, y atrás uno igual de pelotudo que usted, pero con con ébola, para que lo contagie y le dé muerte lenta… La cajera me hizo una seña para que avance. Entonces giré la cabeza hacia él, y con la garganta llena de palabras soeces, le dije:

-¡Mi turno! Buenos días.

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¡¡Hay toda una ciencia sobre las colas y las esperas!! Acá está qué dicen los colólogos especialistas al respecto.