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Tres tips para una perfecta cita fallida septiembre 28, 2014

Posted by Malena Ferrini in Consejos para hombres, Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista, Teorías refutables.
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No importa si no hay atracción física, si la charla es medio pelmazo o si alguno de los dos es un awkward incurable. Hay tres cosas que se pueden hacer para garantizar que al menos esa única cita (fallida) sea perfecta.

1. Hacer planes breves. Un café, un helado o una cerveza pueden resolverse en 15 minutos o 4 horas. Ideal para adecuar la duración del encuentro al nivel de amenidad de la compañía.

2. Estar presentes. Ahí y en ese momento. Ni antes, ni después. Apagar el celular. Hablar mirando a los ojos. Darle toda la atención al ser de carne y hueso que se tiene enfrente. Dialogar, intercambiar. Tal vez no haya tantas cosas en común como uno quisiera, pero coincidir en el espacio-tiempo es suficiente para encontrar un chiste o comentario frívolo para hacer.

3. Atravesar el silencio con dignidad. Mirar alrededor, sonreír un poco, tomar un sorbo de cerveza. Estar en calma mientras cruzamos el “no lugar” de desencuentro. Inexorablemente, algunos segundos después uno de los dos encuentra algo para decir.

En definitiva, sin importar cómo salgan las cosas, hemos tenido el privilegio de que otro ser humano nos dé parte de su tiempo y atención. Hemos conocido una persona, y a través de la experiencia, hemos aprendido un poco más sobre nosotros mismos.

Ya con eso solo, valió la pena el encuentro.

No agreguemos más presión de la que ya hay agosto 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Arte culinario, Autoayuda, Secretos de conquista.
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Ya el asunto de la salida en sí venía medio tirado de los pelos por cosas que no voy a explicar acá, pero me gusta el sushi y él me daba intriga. Dije sí.

Un día antes de lo esperado, me llamó al celular para avisarme que en diez minutos pasaba a buscarme. Me había confundido de día de la semana y estaba hecha un cachivache de joggineta, chateando con la computadora en las piernas (la laptop, no me veo en esa pose con una CPU y un monitor de 17…). Yo no soy las mujeres, pensé mientras le decía la verdad pero le aseguraba que iba a estar lista a tiempo. Colgué el teléfono apagando la PC y mirando la pila de ropa en la silla.

Unas cepilladas en el pelo. El chupín gris, la remera verde, unas botitas grises, desodorante y perfume en la nuca, atrás de las orejas y las muñecas. La cartera gris: billetera, check!… llaves, check!… El celular sonando cinco minutos antes de lo deseado y ya está estacionando tengo que bajar pronto así no toca el portero. Saco de lana y brillo labial. Go, go!!

Después no pude con el genio: me volví a buscar un collar. Pero bajé a tiempo y me di cuenta de que estaba re desabrigada.

Nos trajeron la carta y tiré uno de los palitos al suelo (a quién se le ocurre ir a un lugar con palitos en la primera salida). Al final decidió él porque yo me quedé embelesada con el arreglo tipográfico y la puesta en página del menú, ahí se me trabó el seso un buen rato. Creo que fue hasta que dijo:

-Cuando vengo acá siempre hacemos un juego: el que al final tiene más limpio en mantel, gana.

Dejáte de joder pedazo de villano, como si no fuera ya complicado remar la cita siendo torpe como soy, mal arreglada en cinco minutos, comiendo con palitos y sosteniendo una charla… pensaba yo.

-Mejor que no, ya de por sí se me está complicando hablar y usar palitos a la vez… ¿No te parece mucho?

-Jaja… Bueno, como quieras.

Cuando nos retiraron los platitos, el mantel blanco tenía unos goterones enormes, pero del otro lado, porque mi mitad estaba inmaculada. Estuve tentada de hacerle leru-leru y el festejo del chileno Salas… pero me contuve como una princesita. Sólo gané porque no hubo ninguna competencia.

Orientación vocacional: Una carrera para cada gusto mayo 27, 2010

Posted by Malena Ferrini in Consejos para hombres, Taxonomías masculinas.
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Ya es conocida mi debilidad por los bomberos, conozcan ahora otras profesiones masculinas que también pueden ser muy sexies. Por favor tengan en cuenta que estos estereotipos no necesariamente se corresponden con la realidad.

Profesor de ciencias naturales

No cualquier profesor, ¿eh? tiene que ser del interior y vivir cerca de un lugar con mar o río. Apasionado por la ecología y la conservación de su entorno natural, propone seguido excursiones de deporte aventura o escaladas con sus estudiantes (que lo adoran). El viento le sopla en su pelo largo rubio (o rojo) tiene reflejos naturales causados por el sol o su vida al aire libre.

Su cita ideal: La cuevita de la cascada Manqui Malal.

Te regala: Una piedra (te va a decir que es una geoda difícil de encontrar).

Guardavidas

Otro más que está bronceado. Además tiene un físico importante que no escatima mostrar. Lo bueno es que no habla de cosas raras. Lo malo es que no tiene tantos temas de charla. Se siente poderoso cuando tiene el silbatito colgado.

Su cita ideal: Ir al cine un lunes. Está podrido de tanto sol y el lunes es su único día libre.

Te regala: Unas intolerables antiparras tipo suecas.

Cajero de banco

Tiene un insoportable olor a colonia y nunca aparece sin afeitarse. Sonríe con frialdad y te cobra las boletas sólo si sos un cliente del banco o una vieja. Golpea con fuerza y ceremonia el sello fechador. Sabe concentrarse en los detalles. Sabe que manda cuando está atrás del mostrador. Tiene todas las tardes libres.

Su cita ideal: Una cena en un restó lindón.

Te regala: El favor de cobrarte las boletas, aunque no tengas la cuenta en su banco.

Chef

¿Para qué quiere esos brazos tan gruesos y fibrosos? ¿Para picar cebolla? Tiene los sentidos muy despiertos, sabe elegir el vino, es minucioso y sabe reconocer el timming perfecto para cada cosa.

Su cita ideal: Hacer una comida en su casa.

Te regala: Una viandita para llevar al trabajo.

Cantautor español

Zezea y le patina la j. Nada más sexy que el acento español, los ojos entrecerrados, y los dedos fuertes arrebatando notas a una guitarra. Un hombre ajeno y fugaz. Esclavo de su guitarra y su breve estadía. Sensible y atormentado por amores que no pudieron ser. Trotamundos, no se detiene nunca. Ya estás advertida: la abrazará siempre a ella de la cintura, acariciando los trastes y cantando con melancolía.

Su cita ideal: Encontrarse justo después del conzierto (ellos no dicen recital).

Te regala: Probablemente una canción. Aunque originalmente haya sido escrita para otra.

Médico

Sabrá dónde está el olécranon. Viste de blanco. Es pulcro y ordenado. Vive atormentado por su celular que suena setecientas veces por día.

Su cita ideal: Imposible de saber. Te deja plantada porque justo entró un paciente cianótico.

Te regala: Algo ha comprado, pero no tuvo tiempo de pasar a entregártelo.

Pensándolo bien, este no es nada sexy. ¡Fuera de mi lista, maldito!

Reservorista

No tenemos idea de qué hace en su trabajo. Tampoco está muy en claro quién es o por qué vino a parar a esta lista. Pero sí que es sexy, de eso no hay dudas.

Su cita ideal: Tomar algo en un barcito en recoleta, El Álamo.

Te regala: NS/NC

Hay que saber distinguir entre lo valioso y lo caro mayo 16, 2010

Posted by Malena Ferrini in Consejos para hombres, Secretos de conquista.
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No me muestres tu Palm, ni las llaves de tu Alfa Romeo. No dejes el fajo de billetes en la mesa ni me cuentes que tenés tres empresas de nosequé. No alardees con tu laptop ni te hagas el croto-fashion combinando unas bermuditas Rusty con una camisa Christian Dior. No me pases a buscar todas las veces en un auto distinto.

No hace falta que me compres así. No quiero ser otro bártulo más. De hecho no me importan tus bártulos.

Mostrame que sos un buen tipo, que laburás, que sos decente y considerado, que sos alguien con valores, que tenés sentido del humor, que te gusto y que podemos pasar un lindo rato juntos.

Con eso ya es suficiente.

Además, para acumular bártulos, ya tengo los míos.

Más data sobre la plata y el amor aquí.

Una única vez tiene que ser la última abril 27, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda.
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Me costó tanto dormirme, las lágrimas me caían por las sienes mientras miraba la negrura con el ceño fruncido y los ojos perdidos. Lúcida como para poner el despertador. Perdida como para llorar hasta que me venciera el cansancio.

Entré a mi casa mirando atrás porque el taxista se fue en un segundo. Muerta de bronca y hambre, abrí la heladera que me iluminaba con su resplandor y ahí parada me comí una porción de tarta. La cena estaba amarga y la soledad me retumbaba mientras tragaba la comida con la campera puesta, la cartera colgada, y las llaves en la mano.

Me subí al auto con el billete arrugado entre los dedos y el llanto atragantado. Aterrada y sola, indicando recorridos inciertos en calles familiares. El aire frío me pegaba en la cara mientras me mordía los labios finísimos y revolvía desesperadamente la billetera buscando monedas para pagar la diferencia.

Salió de la habitación apurado y no me esperó. Me dijo no lo arruines ahora, ha sido tan lindo. Le pedí por favor otra vez y dijo no. Vos anduviste sola por el mundo, esto no es la gran cosa. No me pongas esa cara, no te voy a acompañar. Es ilógico que me pidas eso. Vení que te prendo la campera como a mi hijo. No te va a pasar nada. Ya vas a ver. Tomá, esto te alcanza para pagar el taxi. ¡Pero dame un beso como la gente!

Había cantado una canción de los setenta en mi oído. Entonces pensé que empezaba a ser feliz. Encendió el televisor y un cigarrillo. Me contó algunas cosas de su semana y me abrazó para aliviar mi frío. En un un instante imperceptible y fatal las cosas se salieron de libreto y sin saber bien cómo y por qué, llegué a mirar su semblante oscuro diciendo por favor no uses esa palabra conmigo. Bueno, supongo que  las palabras son palabras y a veces cuando jugamos no significan lo mismo para todos. Pero los golpes sí. Y a mí nunca nadie me había dado una bofetada en toda mi vida.

Si acaso existe un punto de encuentro entre el cuerpo y el alma, vale la pena tratar de encontrarlo abril 15, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda.
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Un hombre nuevo es una fiesta para los sentidos. La piel se eriza sin compasión y los ojos desorbitados o herméticos ven un mundo ungestalt que dura segundos o muchísimos años. Fruncido el ceño, las manos vivas recorriendo ciudades nuevas por caminos aterciopelados, enterrando las uñas como dientes en la pulpa de un ser que de pronto no sabe hablar y respira con mis pulmones o grita con mi garganta pero su voz es grave y tiene el olor del ozono. El pecho saltando con fuerza cardiaca, golpeando las rejas con frenesí, machacando los recuerdos más recónditos. Como si la memoria del mundo durara un segundo y la leyéramos completa con los párpados cerrados. Como si fuéramos máquinas informes, alimañas oscuras, ideas inconexas que de repente chocan con estrépito durante una sinapsis cualquiera. Como si explotaran mil bombas en cada hemisferio y el fin del mundo se pareciera a un cerebro apagado, a una lámpara que pestañea con una baja de tensión y estalla cuando intenta volver a encenderse. Como si muriera atravesada o algo me quemara desde adentro y ya no volviera a ser la misma. Como si el alma fragmentada se perdiera en la negrura extática de la noche; y volviera de repente al cuerpo enajenada, insólita y perdida a buscar ávida un abrazo insensato que la devuelva a la locura del rodete, la falda, el aplomo y los zapatos de taco alto.

Suena un poco a Osho, pero se me ocurrió a mí.