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Cómo saber que está sanando tu corazón roto septiembre 7, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Dialecto Femenino, Salud y prevención.
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Sos capaz de escucharte un disco entero de Radiohead sin siquiera pucherear. Es más, te da un poco de risa o ternura que el pobrecito de Thom piense que es un bicho que se arrastra.

Tenés una caja llena de chocolates y convidás más de lo que comés. Adiós al bienestar químico del cacao… ahora eso viene desde adentro.

No te pintás tanto, luce más la sonrisa que el delineador. Menos ojeras, más color en los cahetes, una genuina sonrisa y un brillo especial en el pelo recién lavado.

Te dan más ganas de leer RollingStone que Cosmopolitan. Sí. Querés más rocanrol y menos consejos boludos.

Ya no te hace mella quedarte en joggineta y pantuflas un sábado a la noche. No hay pensamientos que tapar con música a los gritos. La soledad no hace ruido y hasta se disfruta secretamente.

Te regalan tu golosina favorita y resistís sin problemas el impulso de engullirte hasta el último bocado. La vida está llena de cosas buenas. Un poquito de cada una todos los días.

Lo que te acomplejaba se va desdibujando de a poco. La torpeza, la grasa subcutánea y los ataques de hipo son algo irremediablemente cotidiano, pero natural y tolerable.

Tus amigas despechadas empiezan a acudir a vos para que les des ánimos. Quién mejor que un fénix re-encendido para prender puchos depresivos y repartir las Carilinas pertinentes.

Empezás a invertir plata, tiempo y esfuerzo tu propia persona o tus proyectos personales. Pero no porque algo de todo eso afecte el mundo exterior, sino porque aprendiste a amarte a premiarte y a perdonarte. Nada más porque vos lo valés, como diría don Loreal.

Cambia para bien tu sentido del humor. No, no es que te pasen más cosas graciosas… es que vos ves todo de otra manera.

Un buen día te levantás con ganas de hacer feliz a alguien. Y lo lográs sin ningún esfuerzo.

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Nota:

Por cada rotura cardiaca hay aprendizajes y crecimiento, hay efecto residual, cicatrices y recaídas. Pero también hay gente muy hermosa dispuesta a quedarse ahí al lado. Gente que nos va a seguir queriendo siempre.

Aunque otra vez volvamos del kiosco con la cosmo bajo el brazo.

Qué llevar a un almuerzo con la familia de tu chico junio 29, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ama de casa, Arte culinario, Asuntos de pareja, Temas familiares.
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Suponete que te invita a comer tu suegra y no tenes idea de qué diablos llevar para quedar un poco bien. Es fácil meter la pata, ponele que les elegís un vino y son abstemios, o peor aún conocedores. Antes de que te dé un ataque de pánico, prendé el horno.

En un bol grande poné 3/4 taza de manteca a punto pomada, 1 1/4 taza de azúcar, dos cucharadas de leche y un chorrito de vainillín. Batilo hasta que esté cremoso (mejor con batidora, porque si no sacás unos brazos…)

Agregá un huevo y después, con ayuda de una cuchara de madera, integrá 1 3/4 taza de harina común, una cucharadita de sal y una cucharada de polvo de hornear.

Dependiendo de lo mucho o poco que la quieras a la suegra, podés agregar algunos de los siguientes ingredientes optativos: almendras en rodajas, nueces trituradas, chispas de chocolate, pasas de uva, muesli, mini rocklets…

No te asustes, claro que veo que te ha quedado un menjunje de consistencia dudosa, esa es la idea justamente, no estás preparando una masa, así que dejala como está.

Seguro es algo parecido a esto.

Con una cuchara, poné montañitas de la mezcla en una lata para horno, calculá que queden a por lo menos 5 cm de distancia, porque al cocinarlas se apachurran un poco.

Meté la lata unos 10 o 12 minutos al horno, cuando la saques, vas a encontrarte con unas galletas redondas y blandengues. Dejalas enfriar tres minutos en la misma lata y comete una. Ídola, manjar de dioses. Ahora basta de comer, que este manjar no es para nada diet.

De aquí en más, tenés dos opciones:

  1. Las llevás en un tupper de tu vieja que reclamás antes de volverte a tu casa.
  2. Las ponés en un canastillo de mimbre envueltas en una servilleta bordada con tus propias manos, que les dejás de regalo.

No importa la opción que elijas ni cuanto te odie la suegra, todos amarán las galletas.

Reviews:

“Me llevo otra más para el camino” -Yo misma

“Que ricas, parecen milanesas” -Ex-Suegro

“¡Estas son las galletitas de Dios!” -Mi amigo Pichón

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Receta adaptada y traducida de Goodhouskeeper’s (la revista yanqui de las amas de casa).

Cuando te encare un hombre, nunca lo descartes antes de hablar 5 minutos con él febrero 25, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Secretos de conquista.
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Cuando leí este consejo, no me gustó que usara la palabra descartar con personas. Pero igual me dije que tenía que ponerlo en práctica. Está mal sacar zumbando a un pobre tipo que te encara nada más porque la primera impresión no es tan buena o porque dijo un par de frases poco felices. A mí no me gustaría que me hicieran eso. Además quién sabe. Son nada más que cinco minutos. El tiempo que me demoro en cepillarme los dientes. No es nada.

El primero que apareció era de lindo cuerpo y estaba vestido de negro. Se movía un poco bien pero tenía puesta la remera del restorán “Caro Pepe”. Se acercó con una enorme sonrisa y dijo sin ninguna timidez:

-Hola ¿Viste que lindo cuerpo tengo?

-¿¡¿¡??!!

-Eso es porque fui al Liceo Militar.

Muda, me mordía el labio calculando cuántos minutos me quedaban para descartar al espejerto.

-Mirá, tocame el bíceps. Re grosso.

Me agarró de la muñeca y apoyó mis dedos en su brazo. Estaba duro. Yo arrugaba la frente y miraba a mi grupo de amigas con desesperación.

-¡Ja! Te encantó qué porte tengo. Porque me paro derechito así, ¿ves?

Ahí me arrimé una banqueta, y mi humor viró del más cruel desconcierto a la más insana diversión: se paró con los pies como las diez y diez, se puso firme… y después levantó la mano derecha hasta la frente y me hizo el saludo militar.

Pordiosanto qué risa.

-¡Qué hacés, estás loco?

-Pero te encanta, rubia, te encanta mucho.

Por lo menos me robó una carcajada. Él estaba orgullosísimo de la manera en la que me estaba encarando. Seguro de la atracción que había generado.

-Sabes… yo soy así de macho pero tengo un costado tierno… juego a la play con mi hermanito.

-¡Jugás a la play! Y decime, ¿a qué otras cosas te dedicas? – Trataba de ayudarlo…

-Hago fierros. Trabajo en un bar ¿ves? –mientras tanto señalaba el logo en la remera (Caro Pepe NO es un bar) y tenía las uñas comidas y mugrientas.

-Bueno, qué interesante, pero sabés, mejor me voy con mis amigas.

-¡No! Te quedás conmigo.

-No.- A ver si todavía era un asesino serial.

Miré el reloj. Un minuto y medio había pasado.

Tenía que ser Cosmopolitan.