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La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce (Jorge Luis Borges) diciembre 6, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Cómo perder a un hombre, En Sociedad, Ocio y viajes.
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Anoche, después de la cena de fin de curso Connie me trajo a casa. Cuando llegamos apagó el motor, y con las dos manos en el volante miró el horizonte, arrugó un poco la boca y sin dejar de mirar adelante me dijo llorando.

-Ay, Malen, esto me explota. Perdoname que me ponga así de repente. Anoche Alito me ha pedido el divorcio.

Cosas que se dicen en un segundo, cosas que necesitan años para ser asimiladas.

Le apoyé la mano en el hombro y giró para mirarme con ojos de alquitrán.

-Llegó de la oficina como siempre y se puso a ver History Channel… no me esperaba te juro, se levantó para servirse un vaso de agua, se apoyó en la puerta de la heladera y me lo dijo, Malen, como si me hablara de ir a comprar bananas…

-…

-Me lo dijo como si nada, me dijo “Connie, no doy más. Quiero que nos divorciemos.” … y yo que me imaginaba que los divorcios venían en medio de una pelea a gritos, que se mataban como los Roses, pero no así tan frío.

Connie vomitaba miseria mientras yo trataba de entender por qué me contaba a mí todo eso. No somos amigas. Nada más somos compañeras de curso. Me ve una vez cada dos semanas y siempre anda con un comentario choto sobre su vida en sociedad, o los triunfos del lindo marido que enganchó.

-Vos sos la única que sabe, no vayas a decir nada porque no sé quién… no sé como se sigue… después de esto.

Nunca la había visto tan deshecha, tan vacía y tan nadie como anoche. Quizás hasta le envidiaba la imagen feliz de llegar a la casa y tener unos brazos donde dejar el cansancio. Siempre tan entera, tan perfecta. Siempre acorde a la ocasión. Y ahora tan rota secándose lágrimas y mocos en mis pañuelitos descartables. Haciendo hipos y espasmos a los gritos. Contándome a mí su secreto mas doloroso.

-Nada, Connie, llorás unos meses. Aprendes a estar sola. Estas cosas son parte de la vida.

Mientras le corría el pelo de la cara porque se le estaba llenando de mocos, me agarró y me pegó un flor de abrazo. La pobre gemía como perro atropellado mientras yo trataba de calmarla. Fue tan sentido, tan triste. Hasta que me incliné para sobarle un poco la espalda y se alejó sobresaltada. Arrancaba otra vez el auto diciendo.

-Bueno, listo Malena. Ya fuimos bastante patéticas por hoy ¿no?

-Chau, Connie, gracias por traerme.

-Ay nena, ya que estás -me dijo dándome los pañuelos sucios- ¿Me tirás todo esto a la basura? no quiero que queden acá, a ver si los encuentra la empleada y se da cuenta.

Me bajé del auto. Quedé parada como un grito, llorando sin control en la vereda. Apretaba con bronca y pena el manojo de negro de carilinas con mocos. No entiendo qué fue lo que me dejó tan desahuciada.

Quizás volví a aprender que la felicidad nos es dada sin garantías.

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Un orden nauseabundo noviembre 22, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda, Secretos de conquista, Temas familiares.
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Para mi amiga Romina, que ya trató de enseñarme a hacer lo que se me da la gana. El post que sigue salió escuchando esta canción.

Esta mañana me desperté angustiada. No sé si fue algo que soñé o algo que pensé antes de dormir: sentí que no estoy a la altura de lo que debería ser.

No sé qué responder a casi ninguna de las demandas que plantea esta sociedad, esta cultura en la que me tocó nacer y crecer. Parece que no, pero hay una exigencia tan enorme que subyace al amor, el cuidado, el quedirán. Por Dios qué va a decir la gente. Una preocupación que esclaviza, acorrala y cercena sin que siquiera intentemos pelearla un poco. Sin negociar, sin pensar, sin sentir, simplemente acatando un paradigma que nos es dado de antemano, un lugar cómodo que creemos nuestro, de tan hondo que ha penetrado.

Tenés que ser una buena mujer. Tenés que mantener una compostura. No sea que de tanto detonar te quedes sin la posibilidad de encontrar un hombre que te quiera y te respete. Porque una vez que perdiste eso que te hace lo suficientemente decente, ya no sos digna. No sos normal. Ya sos cualquiera y nadie te va a tomar en serio. No tenés eso que busca un hombre en la mujer que quiere para enamorarse, la futura madre de tus hijos.

Es cruel sentir que el amor alguien va a venir de algo que hiciste o dejaste de hacer. Es triste arreglarse una cáscara para gustarles a ellos y negar lo que hay más allá. Gustarles a quiénes. Porque son un fantasma que no es nadie y son todos, está en vos cuando me comparás y me juzgás, o en mí, cada vez que me da pudor ser yo misma y hacer lo que se me antoja. Cada vez que digo sí, pero siento no. Cada vez que me da miedo equivocarme, pero no por las consecuencias de mi error, sino por el desamor y la condena.

Hay que hacer bien las cosas o si no acabás mal. Bien es lo que yo digo, lo que dicen todos y nadie.

Pero acabar mal, a cualquiera puede pasarle, hasta al más atenido de todos. Porque nadie se salva de la incertidumbre, nadie tiene la felicidad comprada, no existen garantías en esta vida.

Quizás la única salida de todo esto sea ser fiel a mí misma. Aprender haciendo: equivocándome o acertando. Tener la tranquilidad de que soy libre y responsable de las consecuencias de mis actos.

Rebuscármelas para ser feliz por mis propios medios. Ser mi propia dueña, que no es poca cosa.

A vos, que sos todos y nadie… Sé qué estás pensando. Superalo. No soy tu propiedad.

Sobre la soledad y cómo sobrellevarla octubre 26, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Consejos de belleza, Secretos de conquista.
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Este post me salió después de leer el comment de Romina.

Yo no soy nadie porque no me has visto. Existo en un choto corte de pelo, en una cinturilla, en veintinueve años de recuerdos. A veces me da pena el filtro de gustar, el cuidado de no decir ciertas cosas, de no ser torpe o cargosa para que un NN no salga corriendo y me haga el favor de conocerme. De mirarme más allá del bendito corte de pelo, más allá de mi cuerpo o qué se yo qué.

Lloro mientras me pinto con waterproof y me río bien fuerte en el ruido de la noche. Me tomo un trago y me voy a mi casa de cama vacía. A mi mañana de café apurado, de corrida de micro, apretujada no existo y me da pena atrás de los lentes de sol. Y trabajo y vuelvo y vomito negras letras aporreado en el teclado porque no estoy. Porque pienso pero no digo, hablo y escribo y no soy. No sé qué ser.

Soy nadie, ninguna.

Escucháme, es horrible. No sé qué ser para gustarte. No sé en quién convertirme para que me ames. No un bicho raro arrugado y triste. Así no me querrías, así no, sólo perfecta pelilarga flaca y exitosa.

Pero nada de eso. Apenas libre soy. Tengo una mochila ávida de mundo, unos ojos tristes, unas caderas voladoras.

Sueño despierta, me emociono al sol pensando que en un mundo insensato el aturdimiento puede abandonarme un día. El día que no soy lo que puedo darte ni lo que vos querés, sino lo que sale de mí.

El día que entiendo que así nomás vas a amarme. O por lo menos así voy a amarme yo. Con vos o sin vos.

20 razones para querer levantarse un guía de montaña (o algún deporte aventura similar) octubre 4, 2010

Posted by Malena Ferrini in Ideas sexy para conocer hombres, Ocio y viajes, Secretos de conquista, Taxonomías masculinas.
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Con ustedes, Romina.

1. Están en buen estado físico.
Esta es la razón obvia: son deportistas, es evidente que el 95% va a tener buen lomo (y el otro 5% son los que manejan la combi). Por lo menos, van a ser fibrositos.

2. Saben arreglárselas con poco.
No vamos a decir que no te van a apreciar una buena cena de alta cocina a la luz de las velas, pero vamos, el flaco está acostumbrado a dormir a la intemperie y comer lo que se pudo chamuscar en un fogoncito (y por gusto). Como mínimo tiene que se adpatable. En la mala va a poder compartirte hasta un paty hecho con un encendedor.

3. Tienen tonada.
Cuando te encontrás con un guía, estás de turista. Si estás de turista, es porque sos de otro lado. Y a mí el cantito me puede.

4. Son más bien chetos, pero bien.
Convengamos que el pibe un poco de torta tiene que tener, o por lo menos un buen sponsor. Entre ropa, calzado, bolsa de dormir, carpa, mochila y cualquier equipo extra que requiera su deporte, alguien tuvo que invertir un dinero. Pero es un tipo de cheto que no es coquetito tipo metrosexual, ni ostentoso (difícil ostentarle a cualquiera un mosquetón), ni le tiene miedo a ensuciarse o pisar bosta. No se gasta todo en un BlackBerry para llamar a su mamá ni en una 4×4 para andar por la ciudad; gasta en lo que precisa.

5. Son ecologistas.
No es que a mí me preocupe la caza indiscriminada de ballenas, los pingüinos empetrolados, la selva de yungas en peligro o el bicho bolita que se está por extinguir. Pero seguro que la charla sobre la protección de la tierra y el medio ambiente va a ser más interesante que el “¿A qué te dedicás?” del bar promedio. Además, me encanta cuando un hombre me cuenta de algo interesante que yo desconozco, y yo de ecología no sé una chota.

6. Son amables.
Si trabajan en turismo, están acostumbrados a darte la mano para ayudarte, explicarte sin tratarte como idiota y fijarse que no te pierdas ni te caigas. Un caballero montañés.

7. No se amedrentan fácil con el aseo personal deficiente.
Si le gustaste en una excursión, es tuyo: te vio con ropa poco sentadora, despeinada, sudada, sin producción, un poco roñosa y probablemente en tu estado más torpe. No creo que se amedrente mucho si un día te ve sin depilar.

8. Aprecian un buen paisaje.
Disfrutan de un lugar sólo porque es lindo, sin necesidad de otra parafernalia. Ideal para que te lleve a tomar mate al culo del mundo a un lugar bellísimo que nadie conoce: cita mágica y gasolera, win-win. Para mí, especialmente ideal porque me gusta sacar miles de fotos (eso he notado que los desconcierta, pero no se oponen).

9. Son alternativos y tienen onda.
Esto no lo puedo explicar, pero tres cuartas partes de los guías que me he cruzado se lookean un poco: aritos, tatuajes, pelo largo o rastas, lentes de sol copados, ropa copada. Pero sin exagerarla. A qué se debe, quién sabe.

10. Son campechanos.
Sin hacerse los bananas, se conocen y saludan con la gente del campo y con todo el mundo en general. Además, se orientan en lugares que, para una porteña como yo, son sólo una bola de verde y marrón. Yo sólo me oriento en capital… igual que cualquier pelotudo con un mapa.

11. Son responsables.
Saben que las consecuencias de no hacer las cosas como corresponde pueden ser literalmente fatales. Eso no impide que se arriesguen más de la cuenta, y tampoco implica que vaya a extrapolar este conocimiento a otras áreas de su vida… pero el concepto está.

12. Siempre están bronceados.
No me digan que el bronceado no es un plus…

13. Están llenos de recursos.
Saben cómo sacar un auto empantanado, mover objetos de mucho peso, hacer nudos indestructibles, treparse a cualquier mierda y usar todos los pendorchitos de la Victorinox. Practiquísimo. A mí me cachondea.

14. Están siempre relajados.
Siempre parecen estar en comunidad con la naturaleza (es cierto que no trabajar en una oficina ayuda), lo que les da un aura de buen humor y paz interior que es super agradable.

15. Saben montones de cosas.
Recorriendo su terruño terminan aprendiendo de geografía, geología, botánica, zoología… Para alguien que sus conocimientos citadinos de fauna y flora se resumen en perro-gato-árbol-potus, es sexy.

16. Son resistentes.
Si pueden pasarse el día remando, caminando, corriendo cabalgando, nadando… imaginate toldo lo demás que podrán hacer durante horas.

17. Te cuidan.
Es altamente probable que se deba al miedo de que un turista los demande si se rompe una gamba, pero la cuestión es que siempre se fijan dónde pisás, qué estás haciendo y por donde estás yendo para que no te pase nada. Algo infrecuente en estos tiempos que corren.

18. Son machotes.
Tienden a grandes demostraciones de fortaleza del tipo cargarse cualquier cosa al hombro o empujar autos con un dedo. Es una ostentación típicamente masculina, pero mucho más hot que tener el record en el Need for Speed.

19. Suelen ser simpáticos y pacientes.
Como todos los que trabajan en atención al público, ¿no?

20. …
Qué sé yo, ¡están buenos! Son como los bomberos, su bomberidad ya les hace ganar media batalla (y ya tendré que escribir sobre las razones para levantarte un bombero…).

Así que ya saben, si tienen un guía de montaña por ahí, soltero y abandonado, mándenmelo que prometo mimárselos.

Cómo lograr hacer lo que a uno se le da la gana (Parece fácil, pero no lo es) septiembre 25, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda.
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Con ustedes, Romina.

1. Respire hondo y trate de calmarse, porque si hacer lo que tiene ganas no le sale de una, muy tranquilo no debe estar.

2. Diferencie claramente entre lo que piensa y lo que siente. Si tiene cosquillas en la panza, hágales caso, eso es un ansia genuina. Si le parece que no da, es caro, no es correcto, qué dirán los demás, tire todo por la ventana que eso no tiene nada que ver con el deseo.

3. Analice el miedo que lo frena: ¿es una reserva razonable o es un prejuicio travesti? A veces hay que tirar una pared grande que se interpone entre usted y su ansia. No se amilane ante esta perspectiva. Esté dispuesto a derrumbar lo que sea necesario si su deseo lo amerita.

4. Para asegurarse de no responder a un antojo baladí, dele tiempo a su deseo a macerar. No digo que espere años para hacer lo que se le cante, pero si se trata de un deseo genuino, seguro sobrevivirá hasta pasado mañana a la tarde.

5. A veces hacer lo que uno quiere hoy implica tirar a la basura lo que quiso ayer. Hágalo. Directamente. No pierda el tiempo peleándose con usted mismo. No espere a odiar lo que defendía. En cuanto el deseo viejo le genere duda y se le resquebraje, deshágase de él. No importa si cambió de opinión o si antes estaba equivocado. Acá no hablamos de tener razón, sino de ser feliz, y las dos cosas no son necesariamente compatibles.

6. Si pide segundas opiniones, fíjese a quién se las pide. No le pregunte a su cura confesor si está bien que se tire una canita al aire, ni a su primo vicioso si está bien probar heroína. Ya sabe la respuesta, ahórrese la pregunta. Íntimamente, usted sabe a quién preguntar para recibir una respuesta razonable y no la que usted quiere oír (ahora, si sólo quiere apoyo, eso es otro cantar, vaya con el cura y con el primo). Si le parece mejor, incluso haga una consulta popular. Si las opiniones son encontradas, su percepción personal es tan válida como cualquiera de las de los demás, y entonces siéntase habilitado para hacer lo que le dicen sus propias tripas. Si todos, TODOS, le dicen “No, pará, loco”, entonces hágales caso. Es altamente probable que usted se haya ido un poco a la mierda.

7. Tenga en cuenta también que, sin importar lo que le aconsejen (tanto si pidió consejo como si no, no se preocupe que lo va a recibir), sus actos y sus consecuencias se los fuma exclusivamente usted (bueno, cada tanto pueden afectar a terceros, en tal caso póngale un poco más de pila a la decisión). Tiene el derecho de pasarse el consejo por donde usted ya sabe. Sepa también que la gente pretende que, cuando usted le pide consejo, usted les haga caso sin dudarlo (y bueno, los humanos son así). No se sorprenda con los enojitos y los reproches por no hacer lo que ellos dijeron. C’est la vie (o como se escriba).

8. Sea egoísta, por lo menos mientras intenta descubrir qué cuernos quiere. Mientras estamos en la etapa de dilucidar las ganas, no se caliente por lo que pensarán sus amigos o su familia, o en cuánto molestará a tal o cual su decisión. Eso se resuelve más adelante (a veces uno se queda con las ganas irresolutas, es cierto), pero primero tenemos que saber qué queremos nosotros. Lo que le conviene, perjudica o prefiere el otro es harina de otro costal. Quizá finalmente prioricemos a ese otro (es lógico: gastarse todo el sueldo en un Mercedes como deseo puede ser genial, pero no darle de comer a los hijos por ello no parece muy recomendable), pero sabiendo exactamente por qué (y con la secreta esperanza de buscarle la vuelta de tuerca a la situación para lograr el Mercedes y la cena de los niños).

9. No se enrosque con deseos medias tintas. Las cosas tienen su precio, asúmalo. Si quiere ser bailarín clásico, sabe que tendrá un entrenamiento estrictísimo. Si no quiere entrenarse, bueno, evalúe usted qué le tira más. Pero una vez que optó, tire al diablo el deseo más chico. Usted ya eligió. Deje de debatirse. Córtela.

10. Prepárese para una posible frustración. Que usted sepa qué quiere no significa que lo consiga. Preo créame que si va por la vida sin saber lo que realmente desea la pasa todavía peor. Nadie quiere descubrir lo que quiere diez años después de haber hecho lo contrario o cuando ya se le pasó el tren. Persiga activamente lo que quiere. Propóngase ser feliz. No le digo que le va a salir, pero si no se lo propone no le va a pasar nunca.

No es exactamente cierto que el que no arriesga no gana agosto 10, 2010

Posted by Malena Ferrini in Autoayuda, Consejos para hombres.
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Acá les va un post de Romina. Ya que estamos, les cuento que a partir de hoy, esta prolífica comentarista y compañera de aventuras cuenta con su propia etiqueta en la sección Fuentes. Les dejo el link para que revisiten sus escritos: https://plumaycaderas.wordpress.com/tag/romina/

Cualquiera que conozca el refrán dirá que hay que corres un riesgo para sacar un rédito. Cualquiera que se dedique a los juegos de azar, el póker, digamos, puede decir que para ganar hay que apostar. Que para ganar mucho hay que apostar fuerte. Es claro que sin apostar nada no se gana. Nos damos cuenta fácil todos.

Lo que no resulta tan evidente e inmediato es que en realidad si no apostás, si no apostás nunca, terminás perdiendo. No es una cuestión de fichas o billetes. Es algo más elíptico. Te perdés la posibilidad de jugar. Te perdés la acción. Te perdés la emoción. Te perdés aprender para la próxima partida. Te perdés la adrenalina de la posibilidad de perder. Si no pagás, te quedás mirando cómo los demás sí juegan. Te volvés un mero espectador con ubicación de lujo, que contempla cómo las cartas pasan para los demás, se despliegan y recombinan en miles de opciones, para todos menos para vos.

Apostar, correr el riesgo, es lo que diferencia a un jugador de un boludo sentado a una mesa de póker.

Si no te perdonás vos, no te perdona nadie mayo 9, 2010

Posted by Malena Ferrini in Asuntos de pareja, Autoayuda.
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Una lectora y aclamada comentarista de este blog nos cuenta qué hacer con una pared blanca. Con ustedes Romina.

En mi casa ahora hay una pared blanca. En mi casa, que siempre estuvo abarrotada. Bueno, y que siempre había sido nuestra casa. Pero ahora es sólo mía.

Esa pared blanca frente a mi cama me mira fijo preguntándome “¿Qué vas a hacer?”. Es cierto, tengo planes para esa pared, ya quiero llenarla de cosas. Pero también es cierto que por ahora es un lienzo en blanco… una ausencia.

Si hubiera podido pedir un deseo, habría pedido volver a amarte. Si no, que no sufrieras. Pero no hay lámparas de Aladino que valgan, sólo paredes. No hay nada, nada, nada peor que ver llorar a alguien que querés y saber que es por tu causa, por más justificada que parezca, por más que tus actos intenten evitar un daño peor. Ahora lloro yo, pero no lloro porque te extraño, sino por que no. No lloro por vos, a quien vi de buen ánimo y con ímpetu, sino por mí. No deja de acosarme la idea de que lo que te hice fue horrible. No puedo pensar en vos sin pensar en ese momento en que te hice llorar. No puedo sacármelo de la cabeza aún ahora, cuando te veo tan campante. Y así me exilié de mis amigos y mi familia, para hacerte todo más fácil, como quien le da un dulce a un chico para que no le duela la vacuna, aunque no tenga nada que ver. Ahora empiezo a pensar que ese ligero sinsentido no tenía que ver con complacerte, sino con castigarme, con creer que me merezco quedarme sola. Siento que, ya que no te puedo dar una vida feliz, tengo que facilitarte lo que sigue, ¿pero cuánto de lo que trato de darte tiene que ver con el afecto y cuánto con la culpa? Parece que para mí siempre vas a ser el de la cicatriz.

Si no me perdono, la pared blanca se va a llenar de cosas tristes, oscuras, inútiles, o peor, no se va a llenar de nada, se va a quedar así, acusatoria en su blancura, como la mancha de Lady Macbeth pero al revés. Si me perdono, se va a llenar de imágenes, música y color. Si me perdono, voy a reencontrarme con mi familia. Si me perdono, puedo recomenzar.

Parece fácil, ¿no? Sólo tengo que lograr perdonarme…